Cadavedo y Lastres no existen

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GALERÍA DEL NÁUFRAGO

RAMÓN AVELLO
Sábado, 29 octubre 2022, 01:59

Según la filosofía del lenguaje, lo que no se puede nombrar, no existe. Pensamos con las palabras, con los nombres. «Si tu no tuvieras nombre, / yo no sabría que era/ ni cómo, ni cuándo. Nada», escribió el poeta enamorado de ‘La voz a ti debida’. Pues bien, para el Principado de Asturias no existen Cadavedo, ni Lastres, ni Moal, por citar algunos de los Pueblos Ejemplares de Asturias, pero tampoco Belmonte o Coaña, y tantos otros pueblos que eran conocidos y nombrados por los propios habitantes, por los nativos, por los indígenas, de una forma, y ahora se llaman de otra. La Toponimia Oficial del Principado de Asturias los excluye sin contemplaciones. Ni siquiera abre el camino a la doble denominación, Gijón/Xixón, Langreo/Llangreu que, por otra parte, suele pecar de redundante. A mi me entristece que la toponimia, que debería basarse siempre en un estudio sereno, integrador, incluyente y científico, pueda caer en cierto ‘talibanismo’ lingüístico excluyente, y pasa a denominar las villas y pueblos, al margen de sus habitantes.

Nadie es tan estúpido y acérrimo castellanista para reivindicar ‘Somado’, en vez de ‘Somao’, o ‘Hayedo’, en vez de Faedo, tal como siempre hemos conocido y nombrado estos estos pueblos. Más cuestionable es el añadir la terminación en ‘u’, ‘Somau’, ‘Faedu’, dando carta de naturaleza a la vocal más cerrada, que, al menos en el occidente de Asturias no es tan frecuente como en el centro. Por eso, la Toponimia Oficial del Principado, que sin duda ha tenido aciertos, debería afinar un poco más, escuchar la voz del pueblo, y limar los prejuicios internos.

Moal oficialmente no existe, porque el Principado impone exclusivamente Mual, y los vecinos se reivindican como ‘moalenses’. En Lastres, decir LLastres chirría, entre otras cosas porque muy pocos reconocen el topónimo nuevo impuestos y casi nadie quiere renunciar al anterior. En Cadavedo convivieron con una naturalidad de siglos Cadavedo y Cadavéu. La ‘vieya fala xalda’ acude más a Cadavéu, pero los documentos parroquiales más antiguos, que son del siglo XVI, dicen Cadavedo. La bonhomía y tolerancia de los vecinos emplean las dos denominaciones. Que la toponimia oficial elimine Cadavedo a favor de Cadavéu no deja de ser una imposición excluyente y brutal, sobre todo cuando la solución es bien sencilla. Cadavedo o/y Cadavéu.