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«Memorias» de Ángeles Villarta Tuñón (2)
#1

[SIZE="4"]«Mi primer reportaje era de parvulina»[/SIZE]

«El Auxilio Social se creó durante la guerra para dar de comer a los niños y recibía muchas visitas extranjeras; yo acompañé al hijo de Churchill y a Pétain»

[Imagen: dasein-albums-imagenes-de-llastres-com-p...-press.jpg]

Artículo de J. Morán. 25/01/2010
La Nueva España - Diario Independiente de Asturias - Asturias - «Mi primer reportaje era de parvulina»

Ángeles Villarta Tuñón nació en Belmonte de Miranda, en 1919, pero pronto su familia se establece en Lastres, donde su padre será el médico rural. Pedro Villarta, hombre culto y discípulo de Ramón y Cajal, envía a su hijas mayores, Ángeles y María de las Mercedes, a estudiar idiomas en un colegio de monjas de Suiza durante seis años. Allí aprenden alemán, francés, inglés y algo de italiano. A la vuelta, con 17 años, Ángeles se enfrentará a las circunstancias de la Guerra Civil y, concretamente, a la detención de su padre, que es encarcelado en la iglesia del Sagrado Corazón de Gijón, la Iglesiona. Aquella joven se moverá todo lo posible y, con la ayuda de un socialista amigo, su padre será liberado. Ángeles Villarta descubrirá después su vocación periodística.

Ángeles Villarta Tuñón relata en esta segunda entrega de sus «Memorias» para LA NUEVA ESPAÑA su trabajo en el Auxilio Social, la organización creada en la zona nacional durante la Guerra Civil. Posteriormente, iniciará una amplia labor como periodista y editora.

El barco alemán. «Comencé a escribir a raíz de un episodio de la guerra. Llegó un barco a la costa de Lastres y no se sabía de qué signo era, de tal manera que los de derechas huyeron temiendo que fuera de los rojos, y los de izquierdas huyeron también creyendo lo contrario. Y era un barco alemán que traía a unos náufragos de un bou de Vizcaya. Escribí entonces un artículo, una especie de reportaje: "Junto al navío de guerra". Recibíamos en casa publicaciones de la época, por ejemplo el semanario "Domingo", y les mandé el texto porque pensé que era donde mejor encajaba. Y lo mandé con la indicación de que no lo publicasen con mi nombre, sino con el seudónimo "Edelweiss". No dije en casa que lo había escrito ni que lo había mandado, pero al cabo de unos días recibimos el semanario, que era de formato grande, y en primera página venían mi reportaje y mi nombre. Me pidieron que mandase más colaboraciones y ahí empezó mi trayectoria. Debieron de apreciar que tenía interés y que estaba escrito aceptablemente, pese a que era una parvulina».

Visitantes extranjeros. «Durante la guerra tenía la idea de hacer algo positivo y entré en una organización que se llamaba el Auxilio Social, que estaba en Valladolid. En aquel momento el Auxilio Social recibía muchas visitas de personajes y periodistas del extranjero, y como yo sabía varios idiomas un amigo me indicó que fuera a Valladolid. Recuerdo haber acompañado en esas visitas al hijo de Churchill o a Pétain. El Auxilio Social era una organización que se creó durante la guerra para atender a los niños, sobre todo para darles de comer. Lo fundó Mercedes Sanz Bachiller, que era viuda de Onésimo Redondo, jefe de la Falange en Castilla. También trabajaba Carmen de Icaza, que sabía muy bien el alemán porque su padre fue embajador y estuvo en Alemania, en Berlín. Y estaba conmigo Nieves de Mayo, que sabía muy bien inglés. Nieves era hermana de Margarita de Mayo, que fue profesora de Jacqueline Kennedy porque era la directora de la sección española en el Vassar College de Nueva York. Cuando vino a Madrid a visitar a la familia De Mayo, la conocí».

Víveres para la zona roja. «El Auxilio Social comenzó dando de comer a los niños, pero luego tuvo que enfrentarse con otros problemas, así que creó comedores y asistencia médica para madres embarazadas y lactantes. Para los niños había secciones que comenzaban con los hogares cuna y luego pasaban a los hogares infantiles y después a los hogares escolares. Ahí se dividían según los estudios y había centros de formación, por ejemplo en agricultura. El padre Mundina, que salió después mucho en la televisión, estuvo al frente de uno de esos hogares agrícolas. Y como la guerra se prolongó, lo que sucedía era que en la zona roja, como se llamaba entonces, estaban faltos de víveres, mientras que en la zona nacional sobraban, porque era sobre todo zona agrícola y la zona roja era más industrial. En Madrid no tenían más que lentejas y con la destrucción y los bombardeos había niños que vivían en los nichos de los cementerios».

Entrada en Madrid. «Antes de la liberación de Madrid a cada provincia de la zona nacional se le había encargado un distrito de la capital, de modo que cuando entró en Madrid el Auxilio Social ya tenía preparados los víveres y realizaba lo que fuera necesario. Entré en Madrid con las primeras tropas y con los primeros transportes, y el Auxilio Social se dedicó a recoger a los niños. Se hicieron los hogares de clasificación, porque cada niño tenía sus problemas. Se procuró que los niños no se separaran de la familia, de modo que si el padre estaba detenido pudiera verle, y la madre atendiera al niño, aunque tuviera que hacer después otros trabajos. Yo estaba encargada de llevar a las visitas por los hogares y los chicos venían después a verme a mi oficina. Conservo aquí, en mi casa, pinturas de algunos de ellos. Salieron chicos preparados y las chicas lo mismo. Algunos hicieron carrera en la Universidad y se les daba un dinero para que no se sintieran discriminados ante sus compañeros. Eso fue el Auxilio Social».

Comercio y periodismo. «En Madrid terminé los estudios de Comercio, que había iniciado en Suiza, y fui a la Escuela Oficial de Idiomas y a la Facultad de Filosofía y Letras. Obtuve los títulos de profesora mercantil y de profesora de Francés. Cuando terminó la guerra, a Juan Pujol, que había sido el fundador de "Domingo", junto a Luis Antonio de Vega, le encargaron de la dirección del diario "Madrid" y trabajé para ese periódico. Además, seguí con el semanario "Domingo", que se había fundado y publicado en San Sebastián y luego pasó a Madrid».

Metida en el tinglado literario. «Seguí trabajando en el Auxilio Social, que era un mundo totalmente diferente al periodístico y literario, pero Luis Antonio de Vega pertenecía a tertulias y fue el que me metió en el tinglado literario. En un reportaje de aquella época se describían las tertulias de Madrid y allí se decía que había una que se "reunía los jueves e iba Ángeles Villarta de calcetín corto". Lo contaban así porque yo era una especie de niña dentro de aquel mundo, y venían a decir que vestía como una colegiala, con calcetines cortos, y que nos reuníamos los jueves porque era el día de la semana en que no había colegio por la tarde».

Iniciativas editoriales. «Unos pocos años después fundé con Luis Antonio de Vega la colección "La Novela Corta", con la idea de recuperar las publicaciones de narrativa breve de antes de la guerra. Había existido en los años diez y veinte una colección que se llamaba igual. Más tarde inicié la editorial Las Gemelas, que publicó varios libros, entre ellos "Idilios y fantasías", de Pío Baroja. Yo iba con frecuencia a casa de don Pío Baroja, y hablábamos mucho. Parecía que era un gruñón, pero era un ser estupendísimo al que la dureza no le gustaba nada. Por ejemplo, me comentaba que no le había gustado "La familia de Pascual Duarte", de Camilo José Cela. También traté mucho con su hermana, María Baroja. Wenceslao Fernández-Flórez me quería como un padre y bromeaba conmigo: "Aquí está Ángeles Villarta, con su traje de azabaches". Y al día siguiente volvíamos a vernos y yo le decía: "Aquí está Ángeles sin su traje de azabaches", y él replicaba: "¡Serás tonta! Cuando un hombre se fija en un traje es que es muy bonito o que es muy feo".

Revista humorística. «También fundé la revista humorística "Don Venerando", porque yo tenía una cierta relación con Italia y con el sentido del humor de los italianos, que me llamaba la atención. Ya existía la revista "La Codorniz" y frente a ella "Don Venerando" trataba de ser más popular, una revista más al nivel de la gente, porque "La Codorniz" era de altura. "Don Venerando" fue una buena revista, con secciones de actualidad, de crítica, de espectáculos y todo tratado con ironía. Para todas estas iniciativas siempre tuve mucho apoyo de Luis Antonio de Vega. En realidad, él fue mi protector y el dinero que invertíamos era parte suyo y parte mío, porque yo estaba ya trabajando mucho en periodismo y tenía colaboraciones con las agencias "Pyresa" y "Cifra" (creo recordar que ésta última era de los Propagandistas), que distribuían mis textos a todos los periódicos de España. Y en LA NUEVA ESPAÑA conocía a Francisco Arias de Velasco. No recuerdo si me presenté yo o él me lo pidió, pero escribí artículos sobre temas diferentes en una sección semanal: "El mundo es grande y terrible". Está claro que era un nombre para llamar la atención, un gancho».

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