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¿Tomadura de pelo o a qué juega usted Sra. Aguirre?
#1

ARTÍCULOS DE OPINIÓN
  • [Imagen: 0000009178.jpg&an=38]
  • ENRIC SOPENA

    22/04/2008




Cabos sueltos
¿Tomadura de pelo o a qué juega usted Sra. Aguirre?
Acostumbrada –como muchos de sus colegas en la dirección del PP- a decir, sin complejos ni escrúpulos, “donde dije digo Diego”, y no dije lo que dije o lo que la inmensa mayoría de ciudadanos y buena parte de los medios de comunicación creyeron que dije, Esperanza Aguirre anoche ofreció a los espectadores del programa 59 segundos de TVE –que con evidente acierto fue difundido en prime time- un recital de cinismo o de doble o triple lenguaje.
  • Fue políticamente un espectáculo televisivo cuya protagonista hizo -sin pudor alguno- trampas oratorias. La presidenta de la Comunidad de Madrid procuró salirse una y otra vez por la tangente, como si estuviera narrando cuentos chinos a niños y niñas entre tres y seis años como máximo. La lideresa negaba la evidencia, negaba asimismo la mayor y se empeñaba en reiterar que ella nunca había intentado ser la alternativa de Mariano Rajoy.

    Lleva demasiado tiempo -casi desde el 14 de marzo de 2004- amagando y no dando como para continuar con el mismo rollo de sí, sí, no, no y ya veremos. En esta ocasión, Aguirre cometió el inmenso error de desaprovechar una tribuna prestigiosa y de masivo impacto social, como es el programa aludido y ubicado además a las 22 horas. Hubiera debido explicar a la opinión pública y, sobre todo, a los militantes, simpatizantes y votantes del PP, sus verdaderas intenciones. Gravísima equivocación. Se refugió en la confusión y demostró que, en tiempo de tribulación, no da la talla. No es –en su dimensión política- de fiar.

    Su carrera como política viene de lejos y ha sido -desde que accedió a la presidencia del Gobierno autónomo de Madrid- exitosa. Pero no se debe olvidar lo que en realidad sucedió para que una derrota -la suya del año 2003- acabara transformándose en una victoria. Oyéndola hablar, a muy pocos metros, en el plató del paraninfo de la Universidad Complutense, con su conocido desparpajo -lo que hizo mezclando sin ambages medias verdades, medias mentiras y mentiras a destajo- parece obligado rememorar el tamayazo.

    Sin aquel bochornoso affaire –que no fue esclarecido judicialmente gracias a las maniobras dilatorias del entonces fiscal general del Estado, Jesús Cardenal-, hoy nadie se acordaría de ella. Habría desaparecido del escenario político hace ya mucho. Produce enojo escuchar de su boca que –mientras alardeaba de ser siempre clara, muy clara, en sus planteamientos- se deslizara por la senda de la ambigüedad, asegurara que votaría a Rajoy en el Congreso de junio, precisara después que todo es movible y que ya no hay lealtades inquebrantables.

    Provoca vergüenza ajena su tendencia irresistible a la manipulación. El debate ideológico que ella ha venido propugnando estos últimos días como terapia necesaria para su partido, lo convirtió de pronto en un debate con el Gobierno Zapatero o el socialismo en general. La andanada de Rajoy –quien le abrió en el mitin de Elche la puerta para que se fuera al Partido Liberal, Aguirre la ninguneó y se quedó tan fresca. Y conste que la bomba lanzada por Rajoy, el pasado sábado, la publicamos minutos más tarde en El Plural y coincidió en idéntica interpretación toda la prensa: la cercana a los tirios, la próxima a los troyanos y hasta la afín a los mediopensionistas.

    Hemos sabido, según ha confesado ella misma, que le apasionan los naipes. Ignoramos si practica esta afición con cartas marcadas. Sobran motivos para pensar que no sería inverosímil que así fuera. Quiere ganar como sea y a toda costa. Pero sus trucos son demasiado toscos –aunque su educación sea, sin duda, exquisita- como para que cada vez más se le vea el plumero. Da la impresión, sin embargo, que su desmesurada ambición ha tocado techo. No se puede impunemente transformar su presencia en 59 segundos en una tomadura de pelo a la ciudadanía. ¿A qué juega usted, señora Aguirre?

    Enric Sopena es director de El Plural


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