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“Una de piratas”, cantaba Serrat
#1

Jesús Rivasés

Final feliz para el secuestro del Alakrana. La Audiencia acelera para juzgar a los piratas en unas semanas, mientras el Constitucional sigue empantanado con el Estatuto de Cataluña. Lleva tres años.


[Imagen: foto_50675_CAS.jpg]


20/11/09
FUE UN GRAN DÍA, SÍ. El presidente Zapatero, por fin, muy serio, anunció la liberación del atunero Alakrana y sus marineros. También con severidad agradeció la colaboración de Mariano [B]Rajoy[/B]. El líder de la oposición celebró el final feliz del secuestro y aparcó la crítica al Gobierno para otro momento. Al fondo, la voz de Joan Manuel Serrat se abría paso con uno de sus éxitos: Una de piratas. La Audiencia Nacional, mientras tanto, aceleraba a fondo su propio Ferrari para juzgar a los piratas Raageggesey Adji Haman y Abdu Willy más deprisa de lo que Fernando Alonso tarda en completar una vuelta a un circuito. La Justicia, en España, es lenta, muy lenta, hasta que decide ser casi instantánea. No es lo habitual. Tampoco todos los días peligran las vidas de 36 tripulantes. Todos los días, sin embargo, hay dramas personales pendientes de decisiones de los tribunales.

El Tribunal Constitucional (TC), por ejemplo, tres años después, es incapaz de fallar si el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña es constitucional o no. También han pasado casi tres años desde que fue asesinado Miguel Grima, alcalde del pueblo pirenaico de Fago. Sólo ahora se ha sentado en el banquillo de los acusados el guarda forestal Santiago Mainar. No son excepciones, hay cientos, miles de casos con demoras judiciales incluso de más años. Juan Antonio Xiol Ríos, el más que prudente presidente de la Sala Civil del Tribunal Supremo, con una trayectoria tildada de progresista, lo ha explicado con claridad: “Es excesivo el tiempo que lleva el Constitucional sin resolver el Estatut”. También añade que “los retrasos en los tribunales perjudican el buen funcionamiento de la institución”. Nadie criticará la celeridad del juez Santiago Pedraz y de la Fiscalía con los piratas del Alakrana. Nadie entiende tampoco lo que ocurre en el tribunal que preside María Emilia Casas y tres años para juzgar el crimen de Fago incluso no llaman la atención.

Los magistrados del TC están en un callejón casi sin salida. También Zapatero y Rajoy. Ahora mismo hay mayoría de magistrados del TC que consideran inconstitucionales varios aspectos del Estatut. Es complicado que cambien de opinión. Tampoco es fácil que puedan retorcer la ley como un fideo chino. Los piratas somalíes serán condenados por la Audiencia Nacional. Es inevitable. Luego el Gobierno tiene la potestad de indultarlos. Puede ser discutible, incluso poco presentable si ocurre, pero sería legal. El TC, sin embargo, es la última instancia, y nadie puede enmendar su fallo.

Sólo un cambio de la Constitución permitiría modificar decisiones del TC. Una sentencia que declare institucionales ciertos puntos del Estatut caería como una losa sobre Zapatero y su prestigio en Cataluña, uno de sus grandes graneros de votos. Rajoy, por su parte, pretende aprobar la asignatura catalana. Intenta que el Principado deje de ser el agujero negro electoral del PP, que fue el partido que llevó el Estatut al Constitucional. Una sentencia que recortara el Estatut también sería corrosiva para Rajoy en Cataluña, porque perdería parte del terreno -en teoría- ganado en los últimos tiempos. El líder del PP y los suyos, en cualquier caso, han logrado poner nerviosos con su declaración de que están dispuestos a pactar con todos, es decir, con el PSC de Montilla y con los convergentes de Artur Mas. Nadie quiere aparecer como posible compañero de viaje del PP, pero tampoco nadie quiere cerrarse la puerta a un apoyo parlamentario postelectoral.

El ejemplo vasco de López y Basagoiti está ahí para demostrar que todo es posible. El problema -el reto– para el PP es que en Cataluña necesita los escaños suficientes para ser imprescindible. Hoy no los tiene. Si los alcanza, le sobrarán los novios, ya sean socialistas o convergentes. La campaña de las elecciones catalanas ya ha comenzado, un año antes de la cita electoral. En medio, la presidencia española de la Unión Europea, que tendrá muy ocupado a Zapatero. La gran decisión, sin embargo, está encima de la mesa del Constitucional, que no puede retrasar su fallo con la excusa de no interferir en el proceso electoral.

Si la Audiencia Nacional puede juzgar a Raageggesey Adji Haman y Abdu Willy con garantías en unas pocas semanas, el TC no debe marear más la perdiz, salvo que quiera arruinar más su prestigio. Mientras tanto, España sigue sin salir de la recesión. Ya es el país, importante, de la Unión Europea, junto con el Reino Unido, que lleva más tiempo en crisis. El paro, además, no sólo no se reduce, sino que aumenta. Méndez y Toxo, los grandes jefes sindicales de UGT y CCOO, quieren agarrarse como a un clavo ardiendo al modelo alemán de trabajo a tiempo parcial, combinado con prestaciones por desempleo. No es la gran solución, porque, entre otras cosas, tiene un coste que hay que pagar.

Juergen B. Donges, director del Instituto de Política Económica de la Universidad de Colonia, uno de los llamados sabios alemanes de la economía, ya ha explicado que no se trata de una “herramienta milagrosa” para el mercado laboral. Buen conocedor de España -está casado con una española y habla con fluidez castellano- cree que el modelo no sería viable para las pymes españolas. Más nubarrones. El sistema financiero español tendrá que devolver 410.000 millones de euros en 2010. Conclusión, seguirá sin haber crédito, mientras Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España, dice sin rodeos que sobran, por lo menos, una docena de cajas de ahorros.

Los tripulantes del Alakrana vuelven a casa. Casi todo ha salido bien. La melodía de Serrat sigue al fondo: “No hay historia de piratas / que tenga un final feliz. / Ni ellos ni la censura / lo podían permitir / Por la espalda, en una esquina, / gente a sueldo los asesina”.


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