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comercializar con el dolor
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ARTÍCULOS DE OPINIÓN

* 38x38 Javier Montilla
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JAVIER MONTILLA
03/04/2010 EL PLURAL




Comercializar con el dolor

Decía uno de mis gurús de cabecera, Mahatma Gandhi, que la humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia. En los días que corren, esta frase del maestro hindú, tiene más peso que nunca. Y es que cualquiera que no esté ofuscado antropológicamente o no se empeñe en mirar hacia otro lado por motivos ideológicos sabe que la violencia se enseñorea a diario en nuestras escuelas, en nuestros bares y lugares de ocio, en nuestros estadios de fútbol, en nuestras calles y, por supuesto, en nuestra televisión. Últimamente vengo diciendo en ciertos ámbitos que la moda de ejercer la violencia por la violencia, e incluso por placer, que ha calado en una parte de la juventud española, debería ser digna de un análisis sociológico y de una reflexión muy profunda por parte de todos. Y esa violencia desde hace algunos meses tiene nombres y apellidos.

Me refiero a los casos de Marta del Castillo, la niña Mari Luz o Sandra Palo. Si bochornoso me parece que todavía no se haya hecho justicia, resulta no menos vergonzoso el que dos delincuentes tengan en jaque desde hace varios meses a la policía sevillana y al juez que instruye el caso del asesinato de Marta del Castillo. Una mélange de mentiras y versiones contradictorias de los hechos, sin que haya sido posible arrancarles la verdad en los interrogatorios. Mientras leía en la prensa cada capítulo de esta tragedia shakesperiana del siglo XXI, me preguntaba cómo evitar a sus padres esta mofa añadida al dolor y, también, cómo ahorrar al contribuyente una fortuna dedicada a investigar pistas falsas con gran despliegue de medios cuantiosamente exhibidos en nuestra caja tonta. Llegué a la conclusión que todo esto era el colmo del hiperrealismo.

Ante estas tragedias y este fracaso colectivo me preocupan las medidas que se están tomando. Soy de los que piensan que asumir como sociedad la cadena perpetua, sujeta a revisión periódica, no sólo es perfectamente democrática, de hecho está vigente en Francia, Alemania, Suiza o Finlandia, sino que se ajusta mucho mejor a la idea que los ciudadanos de a pie tenemos de la Justicia. Pero una cosa es reclamar algo en que coincide una práctica mayoría de la sociedad, el endurecimiento de las leyes, y otra mercadear con el dolor. Y eso es lo que parece que está pasando últimamente.

Existen ciertos aspectos como son el dolor y el sufrimiento de unos padres con los cuales no se puede especular y menos ser utilizados política y electoralmente, pero por ambas partes. Ahora que se ha puesto de moda la expresión padres espectáculo, uno tiene la sensación que este circo tiene demasiados trapecistas. Tengo la impresión que Juan José Cortés, el padre de la niña Mari Luz, solamente es otro más a sumarse al circo de la política para labrarse un futuro y vivir del cuento. No voy a ser yo el que lo critique, los padres que han perdido a un hijo a una hija en esas circunstancias me merecen todos los respetos y toda mi solidaridad. Pero una cosa es la solidaridad y otro el sentido común. En el ámbito jurídico sí que hay ciertas lagunas que creo que son necesarias debatir, como decía antes. Pero, ¿puede un padre que ha perdido a su hija en un lamentable y asqueroso asesinato asesorar a un partido político, en este caso al Partido Popular pero también podría haber sido al PSOE, en materia de endurecimiento de las penas, es decir, en la reforma del código penal? Lamentablemente, en estos asuntos hay un populismo tan atroz como bochornoso que nos debería hacer a todos reflexionar.

Pero si no teníamos bastante con los maltratadores y los delincuentes, el germen de la violencia, la telebasura, vuelve con fuerza y tras la entrevista de El Rafita, el asesino de Sandra Palo, una niña que fue violada, atropellada y quemada viva, ese mártir de la sociedad parido por los Informativos de la cadena de Fuencarral, los que dirige Pedro Piqueras, nos llega el programa de La Sexta, Generación Ni-Ni emitiendo unas imágenes en las que un par de participantes sometían a vejaciones a una de sus compañeras. Si permitimos que la violencia se pasee por nuestros salones con tal impunidad, luego no pretendamos fingir y llevarnos las manos a la cabeza ante los primeros golpes, los cuchillazos, las violaciones o los moratones. Tenemos la sociedad que entre todos por obra y gracias del santísimo share estamos construyendo. Yo no me resigno. Me gustaría, como José Agustín Goytisolo, que no me maten la ilusión. Mientras tanto, espero estar del lado de los decentes, de la razón y de la ética, de las mujeres que denuncian y de las víctimas.

Javier Montilla es escritor

Blog de Javier Montilla


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