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el futuro de las pensiones
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ARTÍCULOS DE OPINIÓN

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ANTONIO MIGUEL CARMONA
12/03/2010




CallaoCuatro

El futuro de las pensiones

Fue el Canciller Bismark –con aquella Ley de Seguro de Enfermedad de 1883-, uno de los que en primer lugar fue capaz de desarrollar una norma global de seguridad ante una contingencia. El Informe Beveridge en la Gran Bretaña de 1942 puso encima de la mesa la necesidad de universalizarlo, y un socialista como Clement Atlee lo desarrolló con profusión en el marco de lo que se ha venido en llamar el Estado del Bienestar.

En estos momentos hay en España 8,5 millones de pensionistas y en el año 2030 tendremos 12,5 millones: un cincuenta por ciento más. Debemos ser capaces de establecer una estructura que garantice que esos 12,5 millones de españoles recibirán una pensión cuando menos mejor que los 8,5 millones actuales. Se trata de cumplir el artículo 41 de la Constitución, y a eso nos debemos.

Se equivoca quien ponga una fecha de caducidad al sistema público de pensiones. Si el futuro de nuestras pensiones depende del empleo, ¿alguien puede ser capaz de saber cuál será el nivel de ocupación en el año 2050?, ¿en el 2060?, ¿en el 2070? No seamos estúpidos: si hacemos un análisis de la evolución histórica de las ondas largas de la renta y la ocupación, observamos que los ciclos económicos ya no nos llevan a grandes decenios de depresión –como los de la Edad Media-, por lo que es bien seguro que estaremos mejor en cuanto a ocupación y renta en el 2050 que ahora, por lo tanto es más que probable que las pensiones también mejoren. En el caso de que de aquí al 2050 no hubiera ni población ni empleo suficiente para pagar las pensiones vía cotizaciones, se pagarían vía imposición general.

En estos momentos el Fondo de Reserva de la Seguridad Social -creado por Felipe González en el año 1995-, está dotado con la cifra récord de 60.000 millones de euros. Fíjense, en un momento de crisis económica como la que hemos vivido en 2009, con unos datos de empleo verdaderamente regresivos, hemos tenido superávit en la Seguridad Social por valor de 8.000 millones de euros.

Siempre he considerado necesario, como economista, analizar el mecanismo de financiación: hasta ahora, a través de las cotizaciones, estamos hablando de un sistema que castiga el empleo. Debemos ser capaces de poner encima de la mesa también otras fuentes: éste sí que es el debate.

Sin embargo, el punto que más polémica ha suscitado ha sido el de la elevación de la edad de jubilación. ¿Jubilarnos a los 67 o a los 65?: depende. Yo soy profesor y me jubilaré a los 70, otro que lleva cuarenta años sobre un andamio no le podemos pedir que se jubile a los cuarenta y dos años de cotización. Lo que quiero decir es que cada profesión es cada profesión e, incluso, cada persona es cada persona. Debemos ser capaces de hacer un sistema flexible con aún mayores incentivos; quien quiera jubilarse más tarde que sea incentivado, por ejemplo recibiendo más pensión.

Ésta es mi propuesta: flexible, voluntaria y acordada por todos. Hay que tener en cuenta que para el año 2040 la esperanza de vida se acercará a los noventa años, por lo que podríamos alargar nuestro tiempo trabajando. El problema es que nos han llevado a considerar el trabajo como un castigo, pero ese, verdaderamente, es otro debate. Decía Cicerón que “si quieres ser anciano durante mucho tiempo, hazte anciano pronto”.

Es más, me gustaría proponer crear los mecanismos adecuados para que los jubilados puedan hacer labores y trabajos que deseen, por ejemplo, enseñando a nuestros jóvenes, mostrando sus conocimientos, un papel activo del que no podemos renunciar. Pesa más una jarra llena de agua que una vacía: se tienen más conocimientos cuantos más años se cumplan. No les quepa la menor duda de que cada uno tenemos la edad de nuestras emociones.

El Parlamento de la Nación, en mayo de 2009, instó al Gobierno a elaborar un documento o informe en el que se analizara el actual Sistema Nacional de Seguridad Social para su posible reforma en la Comisión del Pacto de Toledo, así que, en cumplimiento de esta Resolución así lo ha hecho: nada más.

Debemos ser capaces, sin embargo, de decir claramente que con gobiernos socialistas no sólo garantizaremos las pensiones sino que las mejoraremos, estableceremos mecanismos flexibles y justos de incentivos; empero, si alguien desea ahorrar para el futuro tiene la posibilidad, además, de contratar un seguro privado, pero eso ya forma parte de una decisión personal de diferir el consumo.

La propuesta electoral de cualquier gobierno socialista es sin duda seguir subiendo las pensiones mínimas. Los gobiernos socialdemócratas han sido aquellos que en mayor medida han elevado las pensiones medias. Mi opinión es que el Gobierno debe tener en cuenta que gastamos un 8% de nuestro PIB en pensiones, frente a un 11% de la Eurozona: esto significa que debemos hacer un esfuerzo en converger a Europa, también en esto, no sólo en renta, sino sobre todo en el bienestar de nuestros mayores. Otra cosa son los intereses de las empresas privadas y de sus servicios de estudios. La verdadera reforma del sistema de pensiones es su mejora.

Antonio Miguel Carmona es profesor de Economía y secretario de Economía del PSM-PSOE
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