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El hedor de una típica cortina de humo del PP
#1

El hedor insoportable de una típica cortina de humo del PP
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España es un país pequeño, pobre, venido a menos. Ya no podemos montar guerras a lo grande como como la que organizamos en los Países Bajos en el siglo XVI. Ahora hemos cedido el cetro imperial. EE UU dicta y manda. Pero hay algo que nunca nos podrán quitar, porque ya lo hicieron en 1713: Gibraltar. Se ha convertido en un trozo de tierra que siempre está a mano del Gobierno de turno para afrontar las situaciones más peliagudas: desde EREs en Andalucía y 'papeles de Bárcenas' hasta crisis económica con seis millones de parados. Todo ello agravado porque este verano no hay selección que gane un mundial para aventar el espíritu patriótico y calmar los ánimos. Sin embargo, nada importa mientras nos quede Gibraltar.
'La cortina de humo' (1997) es una de las dos películas en la que han coincidido dos de los grandes actores de los últimos tiempos: Robert de Niro y Dustin Hoffman. La otra, claramente inferior, es 'Los padres de él' (2004).
'La cortina de humo' es uno de esos casos en los que la realidad supera a la ficción. Dirigida por Barry Levinson, se trata de una fábula política que trasciende la barrera del tiempo. Pocas semanas antes de las elecciones presidenciales en EE UU sale a la luz un escándalo sexual que hace peligrar la reelección del presidente. Para taparlo, un asesor presidencial (Robert de Niro) contrata a un productor de Hollywood (Dustin Hoffman, nominado al Oscar) para que organice una guerra virtual en la tele, con héroe incluido (Woody Harrelson). La argumentación que utilizan los consejeros del presidente es que al el público sólo le interesa lo que sale en televisión, haya sucedido o no. La película es divertidísima, se sigue con facilidad a través de unos diálogos secos, rápidos, inteligentes. La trama es sencilla y prácticamente no deja margen al suspense. Pero aún así logra que el espectador permanezca pegado a la pantalla. La clave está en el argumento, más real que la propia realidad reforzada porque todos los días asistimos impasibles a espectáculos semejantes.
Se estrenó en 1997, con Bill Clinton de presidente en pleno escándalo Lewinsky, con el terrorismo de Al-Qaida incrementándose y mientras se intensificaba la guerra en los Balcanes. Pero la trama es igual de válida para las armas de destrucción masiva o para la utilización de drones. Y, como no, para nuestro Gibraltar con el ministro García-Margallo a lo Robert de Niro dirigiendo toda la puesta en escena.
España no tiene drones, ni portaaviones. Nuestra NSA es de ir por casa y nuestro espionaje ya tiene bastante con Marruecos. No tenemos que construir oleoductos en Oriente Medio y nuestra influencia internacional es más bien limitada.
Pero tenemos Gibraltar. Que si Franco tiene problemas internos, cierra la verja; que si crisis económica o papeles de Bárcenas, nos sacamos un tasazo para el que pase al Peñón. Es nuestra pequeña guerra para distraer la atención apelando a nuestro corazón y honra. Nuestra cortina de humo particular que trasciende al tiempo. Sólo falta rescatar al Cid y ponerlo, junto al Capitán Trueno, al frente de nuestras huestes.

lasprovincias




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