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El hombre de las “ideas claras” y el gallinero revuelto
#1

15/01/2008

El hombre de las “ideas claras” y el gallinero revuelto

Rajoy sigue sin decir sí o no a las aspiraciones de Gallardón, que se arrastran desde hace años

El slogan de campaña de Mariano Rajoy –oficializado ayer- resulta de entrada impactante: “Las ideas claras”. Sin embargo, tal slogan choca frontalmente con una realidad que es bien distinta. Sucede que el candidato de la derecha a la presidencia del Gobierno no parece contar entre sus virtudes con la de exhibir lo que comúnmente se conoce como “ideas claras”. Más bien tiende a lo contrario.
  • Una de las pruebas más evidentes del espesor más o menos intenso de sus ideas la aportó él mismo en Palma de Mallorca, en octubre pasado, a través de aquella infausta intervención suya minimizando los efectos del cambio climático, mientras se acogía a la presunta sabiduría al respecto de un primo suyo. Alfredo Pérez Rubalcaba declaró entonces que lo sucedido “es Rajoy en estado puro: indolente y frívolo”.

    Empantanado
    ¿Ideas claras? Todavía no ha sido capaz Rajoy a estas alturas de dar respuesta a la muy perseverante pretensión de Alberto Ruiz Gallardón de formar parte de la candidatura del PP por Madrid. Este proceloso asunto no es de ahora. Se arrastra desde hace algunos años y se le ha empantanado. Estamos ante un litigio inequívocamente sucesorio, aunque se intente maquillar como una especie de pelea caprichosa entre Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, y el alcalde de la capital de España.

    Caído en desgracia
    Rajoy tiene el gallinero revuelto a menos de dos meses de los comicios. Su lentitud en tomar la decisión más adecuada para los intereses electorales del PP ha contribuido a la resurrección hasta de Francisco Álvarez Cascos, hombre fuerte que fue del partido y del Gobierno Aznar, caído en desgracia a partir del año 2000 y prácticamente desaparecido del escenario político durante esta legislatura.

    Súbita irrupción
    Ha regresado Cascos -en principio de forma fugaz- y ha incrementado la confusión interna. Medios digitales próximos a Génova 13 -elsemanaldigital.com, por ejemplo- han llegado a describir la súbita irrupción de Cascos como “un misil lanzado a la línea de flotación de Rajoy”. Mientras tanto, los partidarios mediáticos de Esperanza Aguirre –léase Libertad Digital- celebran las manifestaciones de Cascos, contrarias a que Gallardón pueda compatibilizar su cargo de alcalde con el de diputado.

    “Padre espiritual”
    Tal como ya hizo hace unas semanas el vicepresidente de Esperanza Aguirre, Ignacio González, advirtiendo de que los estatutos del PP prohiben ser alcalde y diputado a la vez, Cascos se ha erigido en “padre espiritual” de esos estatutos, lo cual es cierto, y ha afirmado que el régimen de incompatibilidades –propiciado por él- terminó con el “fulanismo político” en el PP. ¿Está, por consiguiente, Rajoy dispuesto a recuperar en el partido la tradición del “fulanismo” siendo condescendiente con las aspiraciones de Gallardón?

    Los poderes de Aguirre
    Otros observadores afines a la derecha subrayan que Aguirre esgrime estos días los 90.000 afiliados al PP madrileño. Éstos son sus poderes, ya demostrados -y de forma abrumadora- cuando Gallardón, por medio de su hombre de confianza, Manuel Cobo, perdió la batalla por la presidencia del PP de Madrid. Acaeció el 14 de octubre de 2004. Gallardón se refugió en una cita literaria de Hemingway: “No hemos sido derrotados, pero hemos sido vencidos”.

    “No te pares…”
    Reconoció Gallardón entonces que su proyecto estaba “en minoría casi absoluta” y puntualizó que habían triunfado los que optaron “por la exclusión”. Circularon aquel día muchos SMS, enviados a los móviles de los militantes populares. Era un grito de guerra: “Gallardón-Cobo, Polanco y la SER quieren dinamitar la candidatura del Partido Popular para hundir a Rajoy. Tenemos que impedirlo. No te pares…”

    No le queda otro remedio
    El moderado Rajoy, el de “las ideas claras”, se debió de encoger de hombros, miró hacia otro lado y se fumó probablemente un puro. Cerca de cuatro años después, el contencioso continúa abierto. Pronto será cerrado, ciertamente. No le queda otro remedio que hacerlo. Pero una de las pocas coincidencias tácitas entre ambos rivales es que a los dos –a Aguirre y a Gallardón- les interesa que el “vencido” o el “derrotado”, lo mismo da, sea Rajoy. Por razones sucesorias obvias.

    E.S.


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