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El Jurásico, un filón que no tiene fin
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[SIZE="4"]El Jurásico, un filón que no tiene fin[/SIZE]

El Jurásico, un filón que no tiene fin. El Comercio

[Imagen: dasein-albums-imagenes-de-llastres-com-p...a-muja.jpg]

El litoral del Oriente de Asturias es ya por méritos propios un filón de vestigios jurásicos que no parece tener fin. O, mejor dicho, no lo tiene. La conocida como 'Costa de los dinosaurios' «está viva» y sigue ofreciendo muestras increíbles que confirman que hace 150.000 millones de años se paseaban a sus anchas por nuestros acantilados enormes seres ahora extinguidos. El equipo científico del Museo Jurásico de Asturias (Muja) lleva años trabajando en localizar nuevos yacimientos, detectar fósiles y huellas milenarias y, en el mejor de los casos, extraerlos de los acantilados para limpiarlos, conservarlos y catalogarlos para su estudio en profundidad. En los fondos del Muja, un impresionante edificio en forma de huella de dinosaurio que se alza en la rasa de San Telmo, entre Colunga y Lastres, se contabilizan ya 3.830 ejemplares de roca catalogados que atesoran uno o más fósiles y, advierte el director científico, José Carlos García-Ramos, el almacén «empieza a quedarse pequeño». El ritmo al que se recuperan fósiles de los acantilados del Oriente de Asturias es muy intenso y «no terminará hasta que el acantilado se acabe». Para eso, aclara García-Ramos, tendrán que pasar «muchas generaciones» que podrán continuar la labor iniciada en los años 70 por él mismo, ahora responsable científico del equipamiento museístico, cuando aún estudiando Geología en la Universidad de Oviedo descubrió las huellas de saurópodo de La Griega. Unas impresionantes icnitas que fueron consideradas como las más grandes del mundo hasta el año pasado, cuando se descubrieron al Este de Francia unas de aparentemente de mayor tamaño, aunque esto «no está comprobado aún científicamente», matizan en el Muja.

Desde el descubrimiento de aquellas primeras huellas, el Oriente de Asturias no ha dejado de sorprender a expertos en la materia. Los hallazgos de nuevos vestigios del Jurásico Superior han sido constantes y, si hasta 2004 eran almacenados de forma precaria en un viejo invernadero cedido por la Facultad de Biología a esta causa, con la construcción del Muja las piezas alcanzaron el reconocimiento que se merecen y pasaron a clasificarse correctamente en los laboratorios del edificio que, además, cumple una importante labor científica, divulgativa y turística. No en vano, supera ya las 800.000 visitas.

Después de seis años de vida del museo, el director científico reconoce que el inmueble «comienza a quedarse pequeño» para albergar la gran cantidad de restos catalogados. «Tenemos problemas en la exposición y debemos comenzar a pensar en una redistribución de las piezas que hay en las vitrinas, pero además, en tres o cuatro años, los almacenes también se quedarán pequeños», indica.

García-Ramos sabe por qué lo dice. Sólo durante el año pasado los expertos han recogido un total de 307 nuevos ejemplares de fósiles -entre grandes y pequeños- que se catalogan en 251 piezas porque, explica Laura Piñuela, del equipo científico, «muchas de ellas reúnen varios fósiles». Unas piezas a las que, por suerte, hay que sumar otros 326 ejemplares fósiles de invertebrados pertenecientes al Mesozoico (Cretácico) y recogidos en diferentes yacimientos españoles, cedidos por el geólogo alemán Rolf Burkhardt.

Para el equipo científico del Muja es difícil escoger entre tanta variedad de piezas que clasifican y casi miman. Sin embargo, José Carlos García-Ramos, Laura Piñuela y José Ignacio Omeñaca -el tercer componente del grupo- coinciden en destacar de entre las piezas descubiertas durante el último año una huella de estegosaurio de 55 centímetros de longitud rescatada hace ahora un año de los acantilados de Luces. La pieza pertenece a un dinosaurio cuadrúpedo y herbívoro que se paseó por el litoral asturiano en el Jurásico Superior, hace 152.000 millones de años, de tres metros de altura y ocho de longitud, y es la mayor huella de estegosaurio conocida en el mundo. Su rescate fue toda una proeza de los gemelos Gerardo y Teodoro Morís, de Quintueles, que con la ayuda de otros vecinos de Colunga consiguieron levantar la roca de setenta kilos de peso y sacarla del acantilado sin más ayuda que una mochila. Fue la mayor pieza extraída de un acantilado «a mano y sin helicóptero» y el esfuerzo permitió que la huella se conserve en el museo. De lo contrario, como ha pasado en numerosas ocasiones, podría acabar perdiéndose o quedando sepultada.

El equipo de geólogos teme que esto pueda acabar ocurriendo con otras piezas de gran valor científico que también han sido detectadas durante el último año, pero cuya extracción no ha sido posible, porque no es suficiente con la fuerza de los gemelos de Quintueles, sino que requerirá del apoyo logístico de un helicóptero. Es el caso de varias huellas de saurópodos y vértebras dorsales de estegosaurios pertenecientes al Jurásico Superior y localizadas en Lastres el pasado mes de agosto.

Las huellas fueron encontradas en un bloque caído cerca de El Pintu, a mitad de camino entre el puerto de Lastres y el cabo del mismo nombre. Aunque hay varias, una de ellas corresponde a un individuo de grandes dimensiones y llama especialmente la atención por su tamaño -de 110 centímetros de largo y 84 de ancho-, aunque el resto son icnitas más pequeñas correspondientes a ejemplares de menor estatura. Cerca de ese lugar, el mismo equipo científico halló también varios huesos de dinosaurio entre los que destaca una vértebra dorsal de estegosaurio, la primera vértebra dorsal localizada en la zona, «porque hasta ahora sólo tenemos vértebras cervicales».

La pieza que sí pudieron extraer los científicos sin grandes dificultades en marzo del año pasado fue una laja suelta al Oeste de la playa de Merón (Careñes-Villaviciosa) en la que se localizaron cinco huellas de manos -de entre 5 y 3,5 centímetros de longitud- y cuatro de pies -de entre 6 y 3,5 centímetros- que corresponden a varios pterosaurios (reptiles voladores) de unos 40 centímetros de envergadura de ala. Los expertos encontraron una pieza parecida en el yacimiento de la playa España (parroquia de Quintes), con huellas de similares dimensiones, pero en este caso la extracción es muy complicada porque requiere de labores de excavación. No obstante, el equipo científico confía en que pronto esta pieza se sume también a las más de 130 huellas diferentes de manos y pies de pterosaurios que atesora el Muja, siendo «la mejor colección que se conoce hasta ahora en huellas de pterosaurio en un museo, por cantidad y variedad». También en el mes de marzo, los científicos rescataban de la playa España, en Villaviciosa, los únicos rastros jurásicos del gusano conocido en Asturias como xorrón, que se emplea como cebo para pescar y cuyo nombre científico es 'Arenicola marina'.

El trabajo del equipo científico no acaba en el acantilado. Los investigadores continúan su labor en el laboratorio limpiando y catalogando la gran cantidad de piezas encontradas en los yacimientos. Gracias a esta labor, en 2009 el grupo de José Carlos García-Ramos dató una vértebra encontrada en 2003 en Villaviciosa que, por su espectacularidad, llevaba expuesta desde su inauguración en la sala del Jurásico del museo. Hoy se sabe que que es el fósil de plesiosaurio «más antiguo de la Península Ibérica y el fósil de vertebrado mesozoico más antiguo hallado hasta el momento en Asturias».

Además, realizan una importante labor divulgativa participando en numerosas conferencias, ofrecen aportaciones científicas de gran valor con la redacción de numerosas publicaciones en diferentes revistas especializadas tanto internacionales como de carácter nacional, así como la firma de convenios de colaboración con numerosas universidades, y la asistencia y organización de congresos. Para este año, de hecho, el Muja organiza el V Congreso del Jurásico de España (entre el 8 y el 11 de septiembre) y, en junio de 2011, acogerá uno de carácter internacional sobre icnología.

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[SIZE="4"]«Muchos no se creen nuestro trabajo»[/SIZE]

García-Ramos tardó varios años en publicar su hallazgo de la playa de La Griega porque las huellas le parecían «demasiado grandes»

Artículo de Ana Moriyón. 07/02/2010
«Muchos no se creen nuestro trabajo». El Comercio

[Imagen: dasein-albums-imagenes-de-llastres-com-p...-mundo.jpg]

Era un crío cuando recorría las minas de carbón de Sama buscando piedras para su colección. Llegó a acumular un importante repertorio de fósiles que, cuando su familia se trasladó a vivir a Oviedo, «mi madre hizo desaparecer intencionadamente porque ocupaba mucho». Perdió su colección, pero nunca su interés por la Geología. «Era muy joven y tenía claro lo que quería ser de mayor», recuerda el ahora catedrático de Geología de la Universidad de Oviedo y responsable científico del Museo del Jurásico de Asturias, José Carlos García-Ramos.

De madre colunguesa, era habitual verle acompañando a su padre los fines de semana pescando en el pedrero de La Griega. A pesar de que se aburría, aquellas largas jornadas siempre resultaban interesantes. «Me entretenía mirando piedras», recuerda. Todavía no se había licenciado cuando descubrió en los años 70 las enormes huellas de saurópodo de La Griega, las más grandes de ese tipo hasta ahora catalogadas. Tanto, que tardaría varios años en publicar su hallazgo. «Me parecían demasiado grandes», reconoce. Antes se haría eco de otros yacimientos de huellas de dinosaurios localizados en la playa de La Ñora y en Lastres -hoy ya desaparecidos- que serían los primeros de Asturias recogidos en una publicación científica, y «los segundos o terceros» de toda España. Lo de las huellas de la playa de La Griega llegaría años más tarde.

Ahora es director científico del Museo Jurásico de Asturias, un equipamiento que alberga «una de las mejores colecciones del mundo», en palabras de Martin G. Lockley, considerado uno de los máximos expertos a nivel mundial en huellas de dinosaurio. En 1996, José Carlos García-Ramos incorporó a su equipo de trabajo a su alumna Laura Piñuela y, hace más de cuatro años, se sumaría José Ignacio Ruiz Omeñaca. Los tres dicen que hay muchas personas que desconfían de sus descubrimientos y que «no se creen» las tesis que plantean, «pero sí la posibilidad de que pasara la Virgen María en burra y dejara las huellas. Eso como es sobrenatural no lo cuestionan», dicen.

Entienden que el escepticismo que genera su trabajo se da porque «la profesión de geólogo es muy desconocida», pero también porque no todo el mundo se preocupa por entender el proceso por el cual se fosilizan los restos óseos, o una huella de dinosaurio queda impresa en una roca. «Ya tenía que pesar el dinosaurio para hacer ese agujero en la piedra, nos dicen a veces».

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