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El Museo del Jurásico de Asturias cuenta con la huella de estegosaurio más grande
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[SIZE="4"]El Museo del Jurásico de Asturias cuenta con la huella de estegosaurio más grande del mundo, hallada este año en los acantilados de Lastres
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[Imagen: dasein-albums-imagenes-de-llastres-com-p...-muja.jpeg]

Como hace 152 millones de años no existían calendario ni reloj, entre otras muchas cosas, es difícil imaginar en qué día y a qué hora exactamente un gran estegosaurio caminó por lo que hoy son los acantilados de Lastres. Pero una cosa es cierta, no hay duda, se trataba del estegosaurio más grande del mundo. Así lo afirma el director del Museo del Jurásico de Asturias, José Carlos García Ramos. El animal debía de medir unos nueve metros de longitud y más de tres metros de altura, teniendo en cuenta las dimensiones de la icnita, que pesa alrededor de 70 kilos y que fue rescatada de la labor corrosiva del mar por los gemelos Teodoro y Gerardo Morís, asiduos colaboradores de García Ramos.

Este «dinosaurio con placas», nombre popular que también recibe esta especie, tenía dos hileras de placas en el lomo, que se cree que tenían una función termorreguladora, así como una serie de púas en la cola que le servían para defenderse. Su recreación por los estudiosos no lo pinta como malo ni sanguinario. Al revés, puede considerarse como uno de los favoritos de los niños, junto al malvado «Tyrannosaurus rex», que inmortalizó en sus películas Steven Spielberg, y que vivió a finales del Cretácico, hace unos 68 millones de años, aproximadamente.

No es de extrañar la imagen afable del estegosaurio si se tiene en cuenta que, aun pareciendo amenazador, era un pacífico herbívoro que se alimentaba, entre otro tipo de vegetación, de exuberantes helechos y jugosas cicadáceas, compartiendo territorio con una inmensa variedad de dinosaurios (terópodos, braquiosaurios, etcétera), que también dejaron su huella en la franja costera entre Tazones, en Villaviciosa, y Camango, en Ribadesella.

Aquella tierra que hoy conocemos por Asturias distaba mucho de ser como es hoy. Ese paso de 152 millones de años que dio el mayor de estegosaurio del mundo nos lleva a unas tierras que experimentaban grandes cambios climáticos, a veces muy áridos, a veces más húmedos. Al principio todo estaba cubierto por el mar. Luego, en la segunda parte del Jurásico, la retirada del mar dejó una costa baja, sin acantilados, sin mareas, con un manto vegetal donde los primeros dinosaurios encontraron su hogar.

Ubicación: Se encuentra en la rasa de San Telmo, entre Colunga y Lastres. Es un edificio singular con forma de huella tridáctila de dinosaurio.

Contenido: Consta de tres grandes áreas, cada una de ellas, dedicada a uno de los períodos en que se divide el Mesozoico: Triásico, Jurásico y Cretácico. Se complementa con otros tres módulos, entre ellos, el dedicado al Jurásico en Asturias.

Horario: De miércoles a domingo, de 10.30 a 14.30, y de 16.00 a 19.00. Cerrado el 24, 25 y 31 de diciembre. Lunes y martes, cerrado. Más información, en el 902306600 y el 985868000.

Si hay algo que identifique Asturias cuando hablamos del Jurásico es el azabache. Concretamente Oles, en Villaviciosa, tiene fama de albergar el mejor del mundo, algo de lo que sabía mucho Tomás Noval, que fue el último minero azabachero de Asturias, fallecido en el mes de agosto de 2008.

El azabache, joya negra y maravillosa a la que incluso se le otorgan poderes contra el mal de ojo, procede de una familia de árboles jurásicos que se extinguieron. Concretamente, según especifica José Carlos García Ramos, director de MUJA, se trataba de coníferas que sufrieron una impregnación de petróleo y luego se fosilizaron, dando lugar al azabache. Pese a ser relativamente duro, es, sin embargo, un material muy delicado, por lo que siempre precisa de manos artesanas expertas para trabajarlo.

Por su parte, Tomás Emilio Díaz González, decano de la facultad de Biología de la Universidad de Oviedo, ya señaló en su día que el azabache asturiano «procede de la madera pura, inalterada, por lo que su calidad, su brillo y su pureza son superiores a los del azabache de otras zonas».

Utilizado en joyería, con el azabache se realizan colgantes, camafeos, collares, anillos e incluso tallas. Su forma más común y solicitada es la «cigua» o «manina». Curiosamente, siempre se le atribuyó al azabache un carácter protector contra todo mal, convirtiéndose en talismán para los peregrinos que hacían el Camino de Santiago. Recientemente se ha encontrado azabache en restos de túmulos y bajo dólmenes.

En cuanto a la hierba y a las flores, tan abundantes ambas y tan representativas del paisaje del Principado de Asturias, cabe recordar que hasta que entramos en el Cretácico superior no aparece la hierba. Fue ésta una época de grandes cambios en el planeta, pues los continentes que hoy conocemos empezaron a adquirir, a partir de entonces, su forma actual. Junto con la hierba, otro cambio que experimentó el paisaje fue la aparición de las flores, sin olvidar que las plantas arbustivas ya habían echado sus raíces muchos millones de años atrás.

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