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el otro"gironazo"
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El ojo del tigre
EL OTRO `GIRONAZO´
Quien se cargue al juez Garzón pasará a la historia como un héroe de la cinegética nacional

14/03/2010 LORENZOCORDERO la voz de asturias

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Al juez Baltasar Garzón lo han declarado pieza de caza mayor. Los discípulos del fantasmagórico búnker abrieron sus armeros, sacaron sus escopetas, las cargaron con cartuchos rellenos de postas, se tiraron al monte y comenzaron el acoso a la codiciada pieza. Abajo, en este valle de lágrimas, se oyen los gritos que lanzan los ojeadores en la montaña, los ladridos de la furiosa jauría y los disparos de los monteros. Es una fiesta nacional. Quien se cargue al implacable juez de la democracia (intransitiva) española, pasará a la historia como un héroe de la cinegética nacional. La historia de España es una antología de relatos de caza...

La derecha carpetovetónica, cuyo principal forraje político se lo facilita una prestigiosa fábrica de piensos ideológicos transgénicos (FAES), cuyo presidente ha descubierto, por fin, el Trifinus Melancólicus de la Transición española. Esa factoría también le suministra forraje dialéctico a la derecha agremiada bajo el amparo de las siglas PP; la cual es la que jalea a los cazadores que participan alborotada y alborozadamente en esa indescriptible caza mayor...

Pero aquí –es decir, en este país– no ocurre nada que no tenga unos claros antecedentes paleopolíticos que lo explican todo. La cacería del juez que osa juzgar a dictadores y persigue a quienes cometen delitos de lesa humanidad no es una idea que haya surgido espontáneamente entre el espeso gremio de los afiliados al club del cartucho con posta del 12, sino que obedece a un proceso finamente maquinado para evitar que el transcurso de la historia contemporánea no fluya sin que se recuerde que en este país hubo una época –no muy lejana– en la que los hombres, llamados de bien, insisten en reafirmarse en los valores permanentes de la doctrina ortodoxamente españolista y de las JONS... Hombres que se sentían uno solo cada vez que se identificaban con el penúltimo de los apóstoles de Movimiento Nacional (José Antonio Girón de Velasco). Digo que en el penúltimo porque el último –por ahora– es José María Aznar y López, prometedor ideólogo.

AQUEL presidente de los Excombatientes de la Cruzada Española fue el único que se atrevió a enfrentarse al Espíritu del 12 de febrero, que acaba de echar a volar el último presidente del Gobierno franquista casi sin Franco en la Tierra... Arias Navarro acababa de exponer durante un pleno de las Cortes españolas la nueva tesis doctrinal que preludiaba la Transición final: «No excluimos sino a aquellos que se autoexcluyen en maximalismos de uno u otro signo, por la invocación a la violencia, por el resentimiento y el odio, por la pretensión bárbara de partir de cero...» (12 febrero 1972).

El Gironazo retumbó, poco después, en el alma de los españoles mientras el cielo empezaba a cubrirse de negros nubarrones, que hacían presagiar lo peor. Algunos llegaron a pensar que nunca más se podría volver a cantar, prietas las filas, el Cara al sol. Tronaba el líder de los excombatientes: «A José Antonio no se le quiere secuestrar ideológicamnete: se le proscribe. Nosotros queremos devolver al hombre a su auténtico destino, y queremos salvar a la patria de la confusión...» Estas apostólicas palabras habían sido lanzadas tras estas otras, no menos apostólicas: «Queremos reafirmarnos en los valores permanentes de nuestra doctrina y de nuestro estilo. Lucharemos hasta la extenuación». Unos meses después, cuando Arias Navarro había vuelto a lanzar al aire, en Barcelona, el Espíritu del 12 de febrero, en la revista Fuerza Nueva –el Evangelio según Blas Piñar...– se publicaba un artículo del líder del grupo titulado Señor presidente. En él decía: «Nos autoexcluiremos de su política. No podemos, después de lo que ha dicho, colaborar con usted, ni siquiera en la oposición. Nosotros no queremos obedecerle, ni acompañarle...» (A veces, escuchando al líder del PP, da la impresión de que la derecha carpetovetónica se inspira en aquel fogoso líder ultraespañolista. ¿O no...?)

AQUEL nubarrón fascista, conocido como el Gironazo, alteró el clima de la primavera política, que había sido diseñada como el florecimiento de la democracia; consiguió volver a oscurecer la posibilidad de una convivencia nacional basada en la razón y no en la pasión. Ahora, cazar a Garzón es la recuperación del Gironazo. Es lo mismo que negar nuevamente la probabilidad de que sobre la historia más trágica de la España del siglo XX –y sucursal: el siglo XXI– vuelva a brillar el sol de la justicia social. Los catecúmenos del Gironazo son los que, ahora, escopeta en ristre, acorralan al juez que quiere zanjar definitivamente el reparto equitativo de la herencia que representa la Ley de la Memoria Histórica.



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