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el paso de la pobreza a la riqueza hay pocos
#1

Portada > Opinión
A sorbos.
Cuentos absurdos
El paso de la pobreza a la riqueza hay pocos que no quieran darlo.

04/03/2010 Carmen Gómez-Ojea LA VOZ DE ASTURIAS

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Cuando era pequeña no soportaba el cuento de Blancanieves. No entendía su título. No me cabía en la cabeza. Pensaba que la historia debía llamarse Blancanieve o Blancasnieves. Además, lo que narraba me parecía estúpido: una estúpida la madre que se pincha un dedo cuando está bordando, como si una reina no tuviera dediles y dedales de oro y plata, y una estúpida la hija por estar tan contenta encerrada en la casita del bosque, haciéndoles la comida y las camas a aquella pandilla de gnomos insoportables.

Lo mismo me está ocurriendo ahora con la fabulación de los dineros de la inefable Rita la del bolso y del inenarrable Camps el de los trajes y sus colegas, que declaran tener en el banco cuentitas muy modestas de pensionistas de bajo baremo y un patrimonio de clase media-media. El de los trajes, según su cuento, tiene dos cuentas bancarias. El saldo de una no llega a los mil euros y el de la otra, que es compartida con su cónyuge, pasa un piquito de esa cantidad, porque la farmacia de la mujer, al parecer, es la única del mundo que da para muy poco, acaso porque los que ponen un pie dentro no quieren comprar más que la píldora del día después y allí la norma sea no fomentar a cualquier precio el pecado promovido por el satánico Zapatero y sus ministras, diabólicas pervertidoras de la juventud de España. Pero quizá sea verdad que en el banco tengan esa caldarilla anormal para gentes de su status y el resto metido en el colchón o en un armario de doble fondo de la cocina, al otro lado de las butifarras, las longanizas, el fuet y el salchichón de Vic y les guste presumir de pobres, al revés de otros que van dando la impresión de tener más pasta que Fúcar y sólo son dueños de un pastillero vacío.

Sin embargo, se oiga con la oreja derecha o con la izquiera y se mire con cualquier ojo, el cuento de Camps y cía no es malo, sino pésimo, y no porque resulte poco creíble, ya que la literatura no tiene nada que ver con la fe. Es un relato de nula calidad literaria debido a que los protagonistas, por mucho que se esforzaran por poner caras tristes de castañuela rota de quien vive con estrecheces, no harían bien su papel de probos funcionarios, dueños de unos menguados ahorrillos para solventar un siniestro y con menos pestañas que las gallinas de tanto hacer números para llegar a final de mes, como la otra pobre llamada Esperanza Aguirre, que no pasó de esa novelería y ya no entró a la novela larga de sus haberes. Y harían una representación desastrosa, porque es más fácil disfrazarse de rico que de pobre, sobre todo para quienes tienen ese aspecto de ir pisando cabezas y riéndose del personal como hienas.

En el gran teatro del mundo todos quieren hacer de ricos. El paso de la pobreza a la riqueza hay pocos que no quieran darlo. Y el que lo da bien, con mucho salero, sin pararse en tiquismiquis, sin escrúpulos y sin ni siquiera ponerse guantes blancos, para así explotar al prójimo y robarle con más soltura y celeridad, igual que el gato cazando ratones, podrá ser cazado y enchironado, pero nadie le tocará una sola moneda de cobre del botín y, cuando salga del trullo, y vaya de paseo tan pimpante, llevará en el billetero tres mil euros como poco, por si le urge comprarse un caprichín. Los cofrades de partido de la del bolso y del punto de los trajes dicen muy serios que los creen, claro. Y la una y el otro se dejan creer. En casos así de fabulosos se entiende la frase de Tertuliano, un cartaginés que en Roma fue abogado, de "Creo porque es absurdo". Ese cuento valenciano lo es y también estúpido. Por esa razón, les encantará a los crédulos y a los creyentes en que A. Botella, casada con Digitus Erectus , es la autora que escribió la Cenicienta.

*Escritora.


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