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España y su futuro, según Zapatero
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España y su futuro, según Zapatero
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Un miércoles frío y lluvioso de diciembre en Madrid, Zapatero, Aznar y el presidente de los empresarios, Díaz Ferrán, cada uno

Jesús Rivasés
04/12/09
WINSTON CHURCHILL disfrutó durante toda su vida de una fe inquebrantable en sus propias posibilidades. El propio político británico explicó su filosofía de la vida y del poder: “Nunca te des por vencido, en nada que sea grande o pequeño, sublime o trivial, nunca, nunca, nunca, nunca”. La confianza de Churchill en sí mismo quizá sólo sea comparable con el famoso optimismo antropológico de José Luis Rodríguez Zapatero. El proyecto de ley de economía sostenible (LES) y sus anunciadas reformas de acompañamiento son el mejor ejemplo. Son también la más espectacular carta a los Reyes Magos enviada por un gobernante en los últimos tiempos en vísperas navideñas.

El miércoles 3 de diciembre fue un día gris, frío y lluvioso en Madrid. Con el ambiente envuelto en garúa, el presidente Zapatero, el de los empresarios, Díaz Ferrán, y José María Aznar, con el reclamo del Rey, intentaron acaparar el protagonismo. El inquilino de La Moncloa desgranó sus fórmulas, para algunos mágicas, en el Congreso. Zapatero vislumbra un futuro esperanzador para España. Contempla un país con una población “menos envejecida que la media europea y mejor formada”, “un capital productivo más moderno”, “un tejido empresarial crecientemente internacionalizado”, “líder en autovías, autopistas y alta velocidad”, “líder en cobertura de banda ancha” y “en la punta de lanza de la modernidad”. Casi al mismo tiempo, el Instituto Nacional de Empleo (INEM), dependiente del Ministerio de Trabajo, del entrañable Corbacho, anunciaba que el paro había subido en 60.593 personas en noviembre y llegaba a la cifra de 3,86 millones de desempleados registrados, lo que significa un paro real superior a los 4,5 millones de personas. Quizá por eso el presidente, desde su optimismo en el futuro, también dijo en el Congreso que “necesitamos seguir haciendo reformas para corregir desequilibrios con el objetivo de lograr un crecimiento equilibrado de la economía española que nos permita crear empleo de forma estable y configurar un modelo social más equitativo”.

El Gobierno ha estado enfrascado, desde antes del verano, en la tarea de alumbrar el proyecto de la famosa ley de economía sostenible. No ha sido fácil. Hubo mucho desconcierto en los ministerios cuando, desde Moncloa, unas veces la vicepresidenta De la Vega, otras la vicepresidenta Salgado y también el equipo de Zapatero, reclamaban propuestas e iniciativas. Al final el presidente está satisfecho del resultado. La oposición y sus críticos, que también los tiene en su partido, dicen que la montaña ha parido un ratón. Novedades, desde luego, hay pocas. El propósito, loable, de agilizar los trámites para constituir una empresa es un proyecto que se arrastra desde tiempos de Felipe González. No menos antiguo es el recurso a la mejora de la formación profesional o la reforma de la administración. Los expertos, salvo excepciones demasiado partidistas, han sido unánimes: “Es difícil no estar de acuerdo con los enunciados de la LES”. Lo mismo ocurre con las reformas apuntadas por el presidente en el Congreso de los Diputados. También hay coincidencia en que se trata de una serie de magníficas declaraciones de intenciones, incluida una reforma laboral que no abaratará el despido. Nada, sin embargo, creará empleo sostenible a corto y medio plazo, que, por otra parte, es lo que más nervios desata en las filas socialistas. Hay quienes empiezan a temer por los resultados electorales. Quizá por eso algunos se aprestan a tomar posiciones para el largo plazo. El caso de Repsol, con Luis del Rivero de primer accionista y ariete, puede ser el mejor ejemplo. No está solo.

También a la misma hora de ese miércoles de frío y garúa en Madrid, Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la patronal CEOE, se daba un baño de multitudes en la Conferencia Empresarial 2009 que la organización prepara con mimo desde hace meses. Los empresarios, con su presidente a la cabeza, se despacharon a gusto contra el Gobierno y contra la ley de economía sostenible. Su oposición, aunque sólo sea verbal, a Zapatero, ha convertido en un verdadero líder de los empresarios a Díaz Ferrán, sucesor quizá timorato al inicio de su mandato del desaparecido José María Cuevas. Díaz Ferrán, es cierto, no levantaba entusiasmo entre sus colegas. Sin embargo, su rechazo a firmar un acuerdo social que no le convencía, propuesto por el Gobierno una noche en La Moncloa antes del verano, lo elevó a los altares empresariales. “Ha nacido un líder”, dijeron algunos empresarios después de aquella negativa, que no le impidió, con desparpajo, pedir ayudas para sus empresas con problemas.

José María Aznar no podía faltar a la fiesta. Quizá fue casualidad. Casi seguro, pero ese miércoles, mientras Zapatero seguía en la tribuna del Congreso de los Diputados, FAES, la fundación del PP que preside el propio Aznar, entregaba al Rey, con todo el boato posible, el premio a la libertad concedido por ser “impulsor de la Transición” y “por su trayectoria en la promoción y defensa de la democracia y la libertad”. El galardón ha escocido en el Gobierno porque incluye la figura del Rey. Además, el solemne acto de entrega, sin miembros del Gobierno invitados, le ha ofrecido a Aznar el escenario para competir con el propio Zapatero con un discurso duro y muy crítico con la situación actual de España y con su futuro. Lo contrario de lo que preconiza el inquilino de La Moncloa, a quien algún asesor le mostró otras palabras de Churchill: “El éxito es la capacidad de ir de un fracaso a otro sin perder el entusiasmo”. Y Zapatero, quizá entonces, volvió a sonreír.


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