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Final tragico paraun heroe
#1

REPORTAJE.
Final trágico para un héroe
Faustino Ania, que derrotó a Renfe ante los tribunales por la muerte de su hijo Iván, fue hallado ayer cadáver en su casa.

03/08/2010 JUAN C. GALAN

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Ania, en el momento de iniciar su caminata hacia el Congreso de los Diputados en 1998.
Foto:ARCHIVO

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El 2 de diciembre de 1996, Iván Ania Anaya repitió su rutina diaria. Terminó sus entrenamientos con el Grujoán infantil, que se ejercitaba en el campo Luis Oliver, ya desaparecido, y cruzó por un tramo de vías para acortar su camino a casa, en Ciudad Naranco. En ese momento, un convoy de Renfe se lo llevó por delante. El 2 de agosto de 2010, ayer, una llamada de teléfono del 091 alertaba al parque de Bomberos de Oviedo de que en el interior de un inmueble de la calle Augusto Junquera, en Ciudad Naranco, yacía un cadáver, probablemente en descomposición, a tenor del hedor que traspasaba la puerta. Los bomberos irrumpieron en la vivienda y se encontraron los restos de Faustino Ania, el padre de Iván.

La vida de Faustino Ania terminó ayer, aunque, en el fondo, había comenzado a extinguirse aquel 2 de diciembre de 1996. La muerte de Iván borró cualquier mota de esperanza en el futuro de sus padres, el propio Faustino y Carmen Anaya. No obstante, a modo de catarsis y como búsqueda de una justicia poética, Faustino Ania desencadenó una batalla contra Renfe. Su voluntad y sacrificio le convirtieron en una suerte de héroe a ojos de la ciudadanía ovetense.

Ania se encarnó entonces en un personaje digno de una película de Frank Capra: idealista, incorruptible y convencido de que su lucha contra las poderosas compañías ferroviarias terminaría en victoria. Sabía que el combate era desigual. "A Renfe los muertos le salen gratis. Tiene dineros y abogados como para pleitear y pleitear durante años y años", llegó a decir en una entrevista a LA VOZ en octubre de 2000. Sin embargo, Faustino Ania tenía una fe indestructible en sus razones para combatir contra las compañías, ya que sostenía que la falta de vallado o protección en la zona en la que su hijo había sido atropellado incumplía la ley. De hecho, en ese mismo tramo se produjeron siete muertes entre 1996 y 2001. Ania inició su lucha aglutinando a familiares de víctimas por atropellos de trenes bajo el abrigo de la Asociación de Damnificados por los Ferrocarriles (Asdafe). La agrupación movió cielo y tierra para que se reconociera su reivindicación. Ania fue el más activo: fue a pie desde Oviedo hasta el Congreso de los Diputados para entregar las 10.000 firmas de apoyo a su petición. Recabó el apoyo de la Junta General del Principado y de la Delegación de Gobierno en Asturias. Con su gesto, también convenció al Congreso. En 2000 estuvo a punto de iniciar una huelga de hambre ante la falta de respuesta de las instituciones hasta que, finalmente, el caso llegó a los tribunales. El 29 de marzo de 2001, casi cinco años después de la tragedia, la Justicia condenaba a Renfe a indemnizar a la familia de Iván Ania Anaya con 6,2 millones de pesetas.

Faustino Ania había vencido, aunque de una manera pírrica: la pérdida, en realidad, había sido mayor que el triunfo. Su popularidad en Oviedo se elevó hasta la estratosfera, pero la historia del héroe tenía un envés oscuro. La pérdida del hijo sumió al matrimonio en un trasiego de psicólogo en psicólogo. La asociación Asdafe se diluyó ante la falta de esperanzas. En declaraciones a LA VOZ al día siguiente de conocerse que la Justicia le había dado la razón, Ania sentenciaba: "Estoy en tratamiento psiquiátrico y me he quedado solo. Me separé de mi mujer, no tengo absolutamente a nadie ni puedo trabajar". Sus vecinos en Ciudad Naranco hacía tiempo que habían constatado que Ania había tirado la toalla y se había dejado ir. No lo veían desde hacía seis días. Sus familiares no sabían de él. Cuando los bomberos entraron ayer en su piso, el inmueble era una jungla de desperdicios. El cadáver yacía en la cama.

* com


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