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La crisis asienta sus reales en los grandes errores de Aznar: Irak y sucesión
#1

POLÍTICA [Imagen: 0000011001.jpg]
La crisis asienta sus reales en los grandes errores de Aznar: Irak y sucesión
El PP caminará “rumbo a lo desconocido” hasta encontrar un nuevo comandante en jefe
“La derecha española cuando se encabrona es impredecible…., mi querido amigo”. Esta sentencia me la comentaba hace quince años uno de los referentes ideológicos del centro derecha democrático. Y añadía: “Su capacidad para el cainismo no tiene comparación posible en toda Europa…”

<!-- Me he acordado mucho de estas premoniciones que me hizo el valenciano Emilio Attard, presidente que fuera de la Comisi&oacute;n Constitucional que dio a luz la Constituci&oacute;n del 78.

La actualidad
Al surco de la actualidad. &iquest;Cu&aacute;les son, entonces, los principales &ldquo;imputs&rdquo; que podr&iacute;a tabular un autor que ha trabajado exhaustivamente en el devenir de la derecha espa&ntilde;ola y que ha sustanciado esa investigaci&oacute;n e informaci&oacute;n en su &uacute;ltimo libro Rumbo a lo desconocido: historia secreta de los a&ntilde;os m&aacute;s convulsos de la derecha?

Todo el espectro, unido
Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar, el gran referente del centro derecha, es decir, del Partido Popular, consigui&oacute; en sus dram&aacute;ticos a&ntilde;os de oposici&oacute;n (1990-96) unir a todo el espectro de ese sector de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola (casi la mitad del pa&iacute;s), aglutinar a una nueva generaci&oacute;n de dirigentes &ndash;Arenas, Mayor Oreja, &Aacute;lvarez Cascos, Lucas, Acebes, Zaplana, Rajoy, etc----bajo un implacable liderazgo, que se acentuar&aacute; de forma extraordinaria tras su llegada al poder, y desde esos presupuestos iniciar el asalto a la fortaleza del entonces &ldquo;dios&rdquo; Felipe.

Como un &ldquo;caudillo&rdquo;
Quiz&aacute; aquel complejo de &ldquo;antilider carism&aacute;tico&rdquo; que envolvi&oacute; a Aznar durante aquellos a&ntilde;os provoc&oacute; que con el poder en la mano actuara como un &ldquo;caudillo&rdquo; coreado por una serie de personajes &ndash;Aragon&eacute;s, Cort&eacute;s, Cascos, Rajoy-que tuvieron la virtud de que su jefe se creyera finalmente que lo era de verdad.

Levitaci&oacute;n formidable
Y fue precisamente en esa levitaci&oacute;n formidable que sufri&oacute; el entonces jefe del centro-derecha (es verdad que en el seno del PP conviven muchas sensibilidades centristas entre dirigentes medios, militantes y votantes), cuando tom&oacute; dos decisiones letales para los intereses general del partido y de su espectro pol&iacute;tico. La primera fue unir su suerte a Blair y Bush en su inacabada guerra de Irak y al mismo tiempo designar sucesor al frente del partido a una persona que, sin especiales enemigos internos, no encandilaba a nadie. Y de paso aparcar al &ldquo;deseado&rdquo;, que no era otro que el flamante jefe del &aacute;rea econ&oacute;mico, Rodrigo Rato. El madrile&ntilde;o-astur no s&oacute;lo era el preferido por el partido, sino muy especialmente &ndash;y esto fue un h&aacute;ndicap incapaz de superar por Aznar- por el poderoso sector financiero/empresarial/medi&aacute;tico que adoraba al ministro de Econom&iacute;a. Por muchas cosas.

&iquest;Por qu&eacute; no Rodrigo?
Es la pregunta del mill&oacute;n que se ha repetido a lo largo de estos a&ntilde;os. &iquest;Por qu&eacute; Rajoy y no Rodrigo? Vive Dios que he tratado durante cinco a&ntilde;os de encontrar el secreto de la esfinge. Y ah&iacute; van mis resultados. Primero. Aznar estaba convencido de que las elecciones del 2004 resultar&iacute;an un paseo militar para el PP. Segundo, en ese supuesto, Rajoy era m&aacute;s &ldquo;influenciable&rdquo;; Rato ten&iacute;a su propia personalidad, su equipo y sus poderes. Tercero, desde la Moncloa se hab&iacute;a preparado una ofensiva antiRR feroz y que tendr&iacute;a que ver con las relaciones empresariales familiares del vicepresidente con Emilio Botin, y por &uacute;ltimo, Rato ten&iacute;a amigos (los Albertos, Alfonso Cortina, etc&hellipWink que repel&iacute;an al &ldquo;conducator&rdquo;. Rato, en cualquier caso, era el mejor de todos ellos, como Rajoy confes&oacute; personalmente al autor meses antes de saber que era el designado por el poderoso dedo de Jos&eacute; Mar&iacute;a.

Estalla el espejismo
El soufl&eacute; de poder dise&ntilde;ado con toda precisi&oacute;n por Aznar y su reducido grupo de edecanes se desmorona como un soufl&eacute; cuando en la madrugada del 14-M ese personaje al que despreciaban profundamente les birla la Moncloa. No era ese el escenario previsto. Y, &iquest;ahora qu&eacute;?

Cuatro a&ntilde;os deambulando
En realidad, Mariano Rajoy deambul&oacute; durante cuatro a&ntilde;os en la oposici&oacute;n sin rumbo fijo. Con decir que ni siquiera se pudo sacudir la sombra de Carlos Aragon&eacute;s est&aacute; todo dicho. Pero tambi&eacute;n es un hecho cierto que fue &eacute;l quien design&oacute; a Zaplana como portavoz y a Acebes en calidad de secretario general. A quien realmente tem&iacute;a el gallego era a Rodrigo.

Encontronazos con Aznar
Muy pronto los &ldquo;encontronazos&rdquo; con el que le hab&iacute;a nominado para el poder fueron habituales. Estuvieron largas temporadas sin dirigirse la palabra; esto es, cada vez que Aznar sal&iacute;a por peteneras le robaba todo el protagonismo y encima le echaba abajo la estrategia dise&ntilde;ada en G&eacute;nova 13. Sab&iacute;a qui&eacute;nes le iban con el cuento a FAES a quejarse del sucesor.

Con sentido de partido
En ese tiempo, el PP se mostr&oacute; en sus bases y militancia como una formaci&oacute;n pol&iacute;tica formidable, compacta, unida y con sentido de partido. Pod&iacute;an no estar de acuerdo con el tema del 11-M y lo del terrorismo pero el enemigo/enemigo a batir era Zapatero. Zaplana fue el que se sac&oacute; lo de &ldquo;presidente accidental&rdquo; y trat&oacute; de convencer a su Grupo Parlamentario que la legislatura durar&iacute;a dos d&iacute;as (acuerdo con ERC, etc&hellipWink y que el retorno al poder del PP era cosa hecha. Ese discurso dur&oacute; hasta bien entrado el mandato de Zapatero.

La prueba del carbono
En realidad, ninguno de los &ldquo;barones&rdquo; del PP cre&iacute;a seriamente que Rajoy podr&iacute;a derrotar &ndash;pese a los grandes errores del presidente socialista- a Rodr&iacute;guez Zapatero. La prueba del carbono es la pelea incivilmente pol&iacute;tica y luego personal entre Ruiz-Gallard&oacute;n y Aguirre. No tiene explicaci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; entonces se deg&uuml;ellan? Sencillamente, porque estaban convencidos de que tras el 9-M con una nueva derrota se producir&iacute;a un vac&iacute;o de poder en la derecha y ellos se aprestaban a llenarlo. Gallard&oacute;n cometi&oacute; el gran fallo &ndash;desde sus or&iacute;genes- de despreciar al partido; Aguirre el de creer que ya era de &ldquo;facto&rdquo; una &ldquo;lideresa nacional&rdquo; y que sus compa&ntilde;eros regionales se rendir&iacute;an ante sus resultados en Madrid. &iexcl;Craso error!

La dimisi&oacute;n
Rajoy se ha presentado la dimisi&oacute;n a s&iacute; mismo en tres ocasiones. La primera en la madrugada del 14-M; la segunda cuando Zapatero le enga&ntilde;&oacute; en relaci&oacute;n con ETA y la tercera en la misma noche del 9 de marzo del 2008. Ello no se ofici&oacute; por la presi&oacute;n de Camps, Nu&ntilde;ez Feijoo, Cospedal, Herrera, Valc&aacute;rcel y Javier Arenas. Cada uno por motivos diferentes.

El desmarque de Esperanza
Camps, por ejemplo, quer&iacute;a taponar la v&iacute;a a Esperanza Aguirre porque espera su momento. &iquest;Dos a&ntilde;os? Es posible. El hecho es que a partir del desmarque de Esperanza Aguirre todas las fichas se tambalean; Rajoy no termina de creerse lo que le ocurre pero finalmente acierta en la &ldquo;conspiraci&oacute;n&rdquo; de los aznaristas desterrados. Ello se personifica en su llamada al orden a Aragon&eacute;s cuando le descubre conspirando con Zaplana en el resturante Paradis.

Problema de liderazgo
Aguirre no ha tenido fuerza para desplazar a Rajoy. Y Rajoy no tiene fuerza para imponer su liderazgo. Porque el problema en el PP no es ideol&oacute;gico en modo alguno. Es de liderazgo. Y el gallego no tiene fuelle y su caso, pese a las dos derrotas, es muy distinto al de Aznar que antes que nada es un &ldquo;killer&rdquo; y con enorme sentido de mando y de sentirse comandante en jefe.

El Congreso de Valencia
Rajoy ganar&aacute; el XVI Congreso de Valencia. Claro. Pero eso no significa nada. Los votantes del PP son gente &ndash;en su gran mayor&iacute;a- muy cualificada intelectualmente e informada. Rajoy est&aacute; prisionero de la realidad. Por un lado, se le exige que haga la renovaci&oacute;n y cuando la hace se le tiran a la yugular. Probablemente, el nuevo secretario general ser&aacute; Esteban Gonz&aacute;lez Pons o Pio Garc&iacute;a Escudero, si no hay consenso sobre el valenciano. Pero eso no arregla nada.

&iquest;D&oacute;nde est&aacute; ese mirlo blanco?
La soluci&oacute;n pasa necesariamente por un nuevo l&iacute;der con &ldquo;autoritas&rdquo; y &ldquo;potestas&rdquo; indiscutidas. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; ese mirlo blanco? Les contestar&aacute; a la gallega: en el PP, en la Universidad, en la Administraci&oacute;n funcionarial, en Nueva York o en Bruselas. O quiz&aacute; todav&iacute;a est&eacute; con el uniforme del colegio. O no. O s&iacute;. Perm&iacute;tanme un consejo: todo lo del PP que no est&aacute; en Rumbo desconocido, no existe.

Graciano Palomo es periodista y escritor. Acaba de publicar Rumbo desconocido

-->Me he acordado mucho de estas premoniciones que me hizo el valenciano Emilio Attard, presidente que fuera de la Comisión Constitucional que dio a luz la Constitución del 78.

La actualidad
Al surco de la actualidad. ¿Cuáles son, entonces, los principales “imputs” que podría tabular un autor que ha trabajado exhaustivamente en el devenir de la derecha española y que ha sustanciado esa investigación e información en su último libro Rumbo a lo desconocido: historia secreta de los años más convulsos de la derecha?

Todo el espectro, unido
José María Aznar, el gran referente del centro derecha, es decir, del Partido Popular, consiguió en sus dramáticos años de oposición (1990-96) unir a todo el espectro de ese sector de la población española (casi la mitad del país), aglutinar a una nueva generación de dirigentes –Arenas, Mayor Oreja, Álvarez Cascos, Lucas, Acebes, Zaplana, Rajoy, etc----bajo un implacable liderazgo, que se acentuará de forma extraordinaria tras su llegada al poder, y desde esos presupuestos iniciar el asalto a la fortaleza del entonces “dios” Felipe.

Como un “caudillo”
Quizá aquel complejo de “antilider carismático” que envolvió a Aznar durante aquellos años provocó que con el poder en la mano actuara como un “caudillo” coreado por una serie de personajes –Aragonés, Cortés, Cascos, Rajoy-que tuvieron la virtud de que su jefe se creyera finalmente que lo era de verdad.

Levitación formidable
Y fue precisamente en esa levitación formidable que sufrió el entonces jefe del centro-derecha (es verdad que en el seno del PP conviven muchas sensibilidades centristas entre dirigentes medios, militantes y votantes), cuando tomó dos decisiones letales para los intereses general del partido y de su espectro político. La primera fue unir su suerte a Blair y Bush en su inacabada guerra de Irak y al mismo tiempo designar sucesor al frente del partido a una persona que, sin especiales enemigos internos, no encandilaba a nadie. Y de paso aparcar al “deseado”, que no era otro que el flamante jefe del área económico, Rodrigo Rato. El madrileño-astur no sólo era el preferido por el partido, sino muy especialmente –y esto fue un hándicap incapaz de superar por Aznar- por el poderoso sector financiero/empresarial/mediático que adoraba al ministro de Economía. Por muchas cosas.

¿Por qué no Rodrigo?
Es la pregunta del millón que se ha repetido a lo largo de estos años. ¿Por qué Rajoy y no Rodrigo? Vive Dios que he tratado durante cinco años de encontrar el secreto de la esfinge. Y ahí van mis resultados. Primero. Aznar estaba convencido de que las elecciones del 2004 resultarían un paseo militar para el PP. Segundo, en ese supuesto, Rajoy era más “influenciable”; Rato tenía su propia personalidad, su equipo y sus poderes. Tercero, desde la Moncloa se había preparado una ofensiva antiRR feroz y que tendría que ver con las relaciones empresariales familiares del vicepresidente con Emilio Botin, y por último, Rato tenía amigos (los Albertos, Alfonso Cortina, etc…) que repelían al “conducator”. Rato, en cualquier caso, era el mejor de todos ellos, como Rajoy confesó personalmente al autor meses antes de saber que era el designado por el poderoso dedo de José María.

Estalla el espejismo
El souflé de poder diseñado con toda precisión por Aznar y su reducido grupo de edecanes se desmorona como un souflé cuando en la madrugada del 14-M ese personaje al que despreciaban profundamente les birla la Moncloa. No era ese el escenario previsto. Y, ¿ahora qué?

Cuatro años deambulando
En realidad, Mariano Rajoy deambuló durante cuatro años en la oposición sin rumbo fijo. Con decir que ni siquiera se pudo sacudir la sombra de Carlos Aragonés está todo dicho. Pero también es un hecho cierto que fue él quien designó a Zaplana como portavoz y a Acebes en calidad de secretario general. A quien realmente temía el gallego era a Rodrigo.

Encontronazos con Aznar
Muy pronto los “encontronazos” con el que le había nominado para el poder fueron habituales. Estuvieron largas temporadas sin dirigirse la palabra; esto es, cada vez que Aznar salía por peteneras le robaba todo el protagonismo y encima le echaba abajo la estrategia diseñada en Génova 13. Sabía quiénes le iban con el cuento a FAES a quejarse del sucesor.

Con sentido de partido
En ese tiempo, el PP se mostró en sus bases y militancia como una formación política formidable, compacta, unida y con sentido de partido. Podían no estar de acuerdo con el tema del 11-M y lo del terrorismo pero el enemigo/enemigo a batir era Zapatero. Zaplana fue el que se sacó lo de “presidente accidental” y trató de convencer a su Grupo Parlamentario que la legislatura duraría dos días (acuerdo con ERC, etc…) y que el retorno al poder del PP era cosa hecha. Ese discurso duró hasta bien entrado el mandato de Zapatero.

La prueba del carbono
En realidad, ninguno de los “barones” del PP creía seriamente que Rajoy podría derrotar –pese a los grandes errores del presidente socialista- a Rodríguez Zapatero. La prueba del carbono es la pelea incivilmente política y luego personal entre Ruiz-Gallardón y Aguirre. No tiene explicación. ¿Por qué entonces se degüellan? Sencillamente, porque estaban convencidos de que tras el 9-M con una nueva derrota se produciría un vacío de poder en la derecha y ellos se aprestaban a llenarlo. Gallardón cometió el gran fallo –desde sus orígenes- de despreciar al partido; Aguirre el de creer que ya era de “facto” una “lideresa nacional” y que sus compañeros regionales se rendirían ante sus resultados en Madrid. ¡Craso error!

La dimisión
Rajoy se ha presentado la dimisión a sí mismo en tres ocasiones. La primera en la madrugada del 14-M; la segunda cuando Zapatero le engañó en relación con ETA y la tercera en la misma noche del 9 de marzo del 2008. Ello no se ofició por la presión de Camps, Nuñez Feijoo, Cospedal, Herrera, Valcárcel y Javier Arenas. Cada uno por motivos diferentes.

El desmarque de Esperanza
Camps, por ejemplo, quería taponar la vía a Esperanza Aguirre porque espera su momento. ¿Dos años? Es posible. El hecho es que a partir del desmarque de Esperanza Aguirre todas las fichas se tambalean; Rajoy no termina de creerse lo que le ocurre pero finalmente acierta en la “conspiración” de los aznaristas desterrados. Ello se personifica en su llamada al orden a Aragonés cuando le descubre conspirando con Zaplana en el resturante Paradis.

Problema de liderazgo
Aguirre no ha tenido fuerza para desplazar a Rajoy. Y Rajoy no tiene fuerza para imponer su liderazgo. Porque el problema en el PP no es ideológico en modo alguno. Es de liderazgo. Y el gallego no tiene fuelle y su caso, pese a las dos derrotas, es muy distinto al de Aznar que antes que nada es un “killer” y con enorme sentido de mando y de sentirse comandante en jefe.

El Congreso de Valencia
Rajoy ganará el XVI Congreso de Valencia. Claro. Pero eso no significa nada. Los votantes del PP son gente –en su gran mayoría- muy cualificada intelectualmente e informada. Rajoy está prisionero de la realidad. Por un lado, se le exige que haga la renovación y cuando la hace se le tiran a la yugular. Probablemente, el nuevo secretario general será Esteban González Pons o Pio García Escudero, si no hay consenso sobre el valenciano. Pero eso no arregla nada.

¿Dónde está ese mirlo blanco?
La solución pasa necesariamente por un nuevo líder con “autoritas” y “potestas” indiscutidas. ¿Dónde está ese mirlo blanco? Les contestará a la gallega: en el PP, en la Universidad, en la Administración funcionarial, en Nueva York o en Bruselas. O quizá todavía esté con el uniforme del colegio. O no. O sí. Permítanme un consejo: todo lo del PP que no está en Rumbo desconocido, no existe.

Graciano Palomo es periodista y escritor. Acaba de publicar Rumbo desconocido


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