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la etica politica de aguirre ni esta ni se le espera
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02/04/2010

El Plural / Artículos de opinión
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ARTÍCULOS DE OPINIÓN

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ENRIC SOPENA
02/04/2010




Cabos Sueltos

La ética política de Aguirre ni está ni se le espera

Quisimos creer el otro día, y así lo escribimos en El Plural, que Esperanza Aguirre -acérrima defensora de la Constitución siempre que ello le pueda beneficiar en su calidad de trepa infatigable- tendría el suficiente coraje cívico como para destituir de forma fulminante a Jesús Neira. Pero nos equivocamos rotundamente en el pronóstico.

¿Cree doña Espe que poner a parir a la Constitución -felizmente en vigor desde el año 1978- es propio de un alto cargo del Gobierno autonómico de Madrid? Hemos de pensar que sí; que a la presidenta de los madrileños le parece correcto que uno de sus cargos de confianza política se cisque en la Constitución.

España sin democracia
La lideresa –para proteger a su enchufado, al que por lo visto le ponen las pistolas- se ha acogido a la libertad de expresión y ha absuelto de inmediato a Neira de sus ominosos pecados contra la democracia española. El título de su reciente libro es inequívoco: España sin democracia.

Insultador compulsivo
Su verborrea de insultador compulsivo es estremecedora. Ahora, el tal Neira –ferviente devoto de algún que otro ideólogo del franquismo- se ha dirigido al secretario general del PSM, Tomás Gómez, y ha dicho públicamente de él lo siguiente: “Tonto”, “estúpido”, “payaso”, “impotente”, “gentuza” o “incapaz”.

Sin dilación
¿Alguien se imagina cuál habría sido la actitud del PP y de su disciplinada tropa mediática, si el responsable de una institución dependiente del Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero hubiera espetado a Rajoy algo igual o similar a lo de Neira? Habrían exigido, con toda la razón, el cese -sin la más mínima dilación- del agresor verbal.

Demasiados pueblos
Aguirre, como acostumbra, se ha pasado, en el caso Neira, demasiados pueblos. Su ética política –que ni está ni se le espera- fluctúa constantemente en función de sus filias, sus fobias y su objetivo irrefrenable de llegar, al precio que sea, al palacio de la Moncloa. Utiliza la ética como si fuera un clínex, destinado primero a usarse y luego a ser echado a la papelera o al retrete.

Dialéctica joseantoniana
Aguirre está amparando a un neofascista como Neira, que en su fondo doctrinal da la impresión de que apoya -al estilo de José Antonio Primo de Rivera- la “dialéctica de los puños y las pistolas”. Aguirre, además, ha jugado una vez más estos días a dejar a Mariano Rajoy y sus vocero/as con el culo al aire. Este episodio es, al menos, divertido porque descoloca de nuevo al líder del PP, y al mismo tiempo los razonamientos de la lideresa son consistentes.

Otra ficción aguirrista
Estamos, sin embargo, ante otra ficción aguirrista. Cuando Aguirre desmonta los múltiples paliativos de Rajoy para salvar a Jaume Matas lo hace buscando como sea el monumental resbalón de su jefe supremo. Lo demás le importa un comino. O, como máximo, dos. Aguirre ni siquiera es capaz de asumir que no es precisamente ella la que tiene legitimidad para dar lecciones de honradez política a los demás, aunque el acusado se llame Matas y sus negocios sucios sean, en efecto, impresionantes.

Ninguna explicación convincente
¿Qué explicaciones ha dado Aguirre acerca del tamayazo? Ninguna seria y, menos aún, convincente. ¿Por qué no propició en su momento una investigación judicial adecuada? ¿Por qué levantó, hace un año largo, nada más empezar, la comisión de investigación parlamentaria sobre los espías y al respecto calló desde entonces? ¿Por qué la sombra de la sospecha se cierne sobre una Fundación que le pudo financiar campañas electorales?

Un titular
Aguirre tendría que haber echado a Neira y hubiera debido ser más prudente con Matas. Pero su ambición, su egocentrismo y su osadía la pierden. Se ofusca buscando desesperadamente un titular. Nunca llegará -sin embargo y por el bien de este país- el titular que ella pretende. Ése que diría: “Esperanza Aguirre, primera mujer presidenta del Gobierno de España”. Y es que confunde -con exceso incontrolable- sus deseos con la realidad. Ha empezado su declive. Tiempo al tiempo.

Enric Sopena es director de El Plural
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