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La Hispanidad y sus enemigos
#1

ARTÍCULOS DE OPINIÓN
  • [Imagen: 0000011827.jpg&an=38]
  • MANUEL FRANCISCO REINA

    14/10/2008




La Verdad del Cuento
La Hispanidad y sus enemigos
Sucede con el día de la Hispanidad lo que con otra serie de conmemoraciones y símbolos identitarios en España: el daño secular, la apropiación y desvirtuamiento que han hecho de ellos los sectores más conservadores y reaccionarios de nuestro país nos ha hecho a todos caer en la trampa de creer que la bandera, la lengua o nuestra cultura les pertenecen a ellos y no a todos. Las manifestaciones del señor Mariano Rajoy sobre “El coñazo” del desfile, no ponen más que de manifiesto esa hipocresía de apoderarse de lo que nos es común e íntimamente desprecian.

<!-- Las afirmaciones al indiscreto micr&oacute;fono de este fin de semana del cabeza visible de la oposici&oacute;n Mariano Rajoy, no ser&iacute;an m&aacute;s que una sonrojante an&eacute;cdota si, por el contrario, no pusiese de manifiesto el desd&eacute;n y desprecio de los actos institucionales y de los s&iacute;mbolos de alguien que pretende dirigir los destinos de ese pa&iacute;s y sus emblemas. No est&aacute; lejano por su parte la suplantaci&oacute;n de hace un a&ntilde;o al jefe del estado espa&ntilde;ol, el Rey Juan Carlos I, y del presidente del gobierno Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero, por mucho que les pesen uno y otro a los sectores m&aacute;s montaraces de la derechona patria, con la bandera de fondo, apropi&aacute;ndose una vez m&aacute;s de ella, y anim&aacute;ndonos a sentirnos orgullosos. No se sabe d&oacute;nde ha quedado aquel entusiasmo, que el se&ntilde;or Gonz&aacute;lez Pons ha tratado de arreglar, y mejor que no lo hubiese hecho, diciendo que es que despu&eacute;s de toda la semana de trabajo, al se&ntilde;or Rajoy le apetecer&iacute;a m&aacute;s estar en su casa con sus hijos. Digo que mejor que no hubiera tratado de arreglarlo, y menos as&iacute;, porque un cargo se lleva con sus cargas, y la responsabilidad del l&iacute;der del mayor partido de la oposici&oacute;n, con pretensi&oacute;n de gobernar, es participar en los ritos de la democracia, y este es uno, por no hablar que va en su sueldo, bastante abultado, por cierto, al contrario de los muchos parados que est&aacute;n en su casa viendo c&oacute;mo ayudar&aacute;n a sus hijos.

Una de las trampas de los sectores m&aacute;s reaccionarios de este pa&iacute;s, me reitero, es hacernos creer que la bandera y la Hispanidad son suyos, y conseguir que muchos lo interioricen, confundiendo la bandera constitucional con la dictatorial del aguilucho, y el d&iacute;a de la Hispanidad-una celebraci&oacute;n de la lengua y la cultura hispanohablante en el mundo que viene de la transici&oacute;n y los primeros y democr&aacute;ticos ochenta, y cimentada en ideas previas de intelectuales como Unamuno, o Juana de Ibarbouru, entre otros-, con la afortunadamente desaparecida y fascista fiesta del &ldquo;D&iacute;a de la Raza&rdquo;, o el &ldquo;Desfile de la Victoria&rdquo;.

Pese a quien pese, aunque sea verdad que a r&iacute;o revuelto sea ganancia de burdos pescadores, el 12 de octubre es una Fiesta de lo Hispano. Fiesta de la Hispanidad que va m&aacute;s all&aacute; de d&eacute;biles entelequias identitarias, de confrontaciones interesadas, o de apropiaciones de s&iacute;mbolos por parte de unos u otros. Para los que estamos por la cohesi&oacute;n y la cultura, en su sentido m&aacute;s vertebrador y amplio, esta fecha significa sobre todo la celebraci&oacute;n de esa madre com&uacute;n de la lengua espa&ntilde;ola, nutricia riqu&iacute;sima, m&uacute;ltiple y generosa, una manera de ser y entender el mundo.

All&aacute; los que quieran reducirse a espacios acotados, f&iacute;sicos o intelectuales, porque de ellos ser&aacute; el reino del terru&ntilde;o de su cuadr&iacute;cula. S&eacute; que es recurrente pero el maravilloso poema de Luis Cernuda, &ldquo;La Lengua&rdquo;, tras pasar del exilio de Londres, doblemente exilio por patria e idioma, al exilio mexicano y el reencuentro con su lengua es muy ilustrador en este sentido: &ldquo;La lengua que hablaron nuestras gentes antes de nacer nosotros de ellos, &eacute;sa de que nos servimos para conocer el mundo y tomar posesi&oacute;n de las cosas por medio de sus nombres, importante como es en la vida de todo ser humano, a&uacute;n lo es m&aacute;s en la del poeta. Porque la lengua del poeta no s&oacute;lo es materia de su trabajo, sino condici&oacute;n misma de su existencia&rdquo;.

Esta es la manera en la que Cernuda equipara la patria a la lengua, y que vale tanto a poetas como a prosaicos transe&uacute;ntes. Esta es la identidad que debemos reclamar como nuestra, en tiempos de aldeas globales en los que los vericuetos independentistas ser&aacute;n todo lo leg&iacute;timos que las leyes y la Constituci&oacute;n permitan, pero sin histerias de eslogans como las de &ldquo;Espa&ntilde;a se rompe&rdquo;. La hispanidad se construy&oacute; entre todos: andaluces, catalanes, gallegos, vascos, madrile&ntilde;os, extreme&ntilde;os, etc, con sus luces y sombras, y hoy es un fen&oacute;meno imparable en espacios impensados como en los EEUU. Por esta raz&oacute;n, inconscientes en su mayor&iacute;a-la ignorancia es el m&aacute;s osado de todos los defectos-, muchos atacan s&iacute;mbolos como la Bandera sin darse cuenta de que se atacan a s&iacute; mismos. Desconocen que, el sistema de garant&iacute;as democr&aacute;ticas y de libertades que ellos incendian, es el que les permite disentir de ellos y ejercer sus libertades. Tanto es as&iacute; que, nuestra bandera de hoy es la misma de los Ilustrados y Carlos III, los que trajeron la Enciclopedia a nuestra historia, la misma que quemaron los que estaban contra &ldquo;La Pepa&rdquo;, la Constituci&oacute;n de 1812 en C&aacute;diz, la que permiti&oacute; cerrar heridas en la transici&oacute;n con la ayuda de todos en el 78, la misma que Don Juan Carlos I y todos los espa&ntilde;oles conformamos y nos representa en un mundo de muchos millones de hispanoparlantes.

Todo no es, afortunadamente, desalentador. Otras iniciativas, como la de la Casa de Am&eacute;rica de Madrid, han conformado un festival con el nombre de &ldquo;Viva Am&eacute;rica&rdquo;, que nos devuelve el orgullo de nuestra lengua y tradiciones desde la otra orilla idiom&aacute;tica con una multitud de actividades y nombres propios. Fiesta que nos lleva a esa otra orilla de la lengua en el tiempo de Cervantes, Santa Teresa, Sor Juana In&eacute;s, G&oacute;ngora, Lope de Vega, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, los Machado, Lorca, y un largu&iacute;simo etc&eacute;tera. Es como para estar orgullosos. Es como para celebrarlo gozosamente, muy lejos del definitorio &ldquo;co&ntilde;azo&rdquo; de alguien que no ha de gobernar por estas y otras afirmaciones que lo retratan como un hip&oacute;crita, sin altura ni respeto por el estado, sus instituciones y sus s&iacute;mbolos

Manuel Francisco Reina es escritor y cr&iacute;tico literario

-->Las afirmaciones al indiscreto micrófono de este fin de semana del cabeza visible de la oposición Mariano Rajoy, no serían más que una sonrojante anécdota si, por el contrario, no pusiese de manifiesto el desdén y desprecio de los actos institucionales y de los símbolos de alguien que pretende dirigir los destinos de ese país y sus emblemas. No está lejano por su parte la suplantación de hace un año al jefe del estado español, el Rey Juan Carlos I, y del presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, por mucho que les pesen uno y otro a los sectores más montaraces de la derechona patria, con la bandera de fondo, apropiándose una vez más de ella, y animándonos a sentirnos orgullosos. No se sabe dónde ha quedado aquel entusiasmo, que el señor González Pons ha tratado de arreglar, y mejor que no lo hubiese hecho, diciendo que es que después de toda la semana de trabajo, al señor Rajoy le apetecería más estar en su casa con sus hijos. Digo que mejor que no hubiera tratado de arreglarlo, y menos así, porque un cargo se lleva con sus cargas, y la responsabilidad del líder del mayor partido de la oposición, con pretensión de gobernar, es participar en los ritos de la democracia, y este es uno, por no hablar que va en su sueldo, bastante abultado, por cierto, al contrario de los muchos parados que están en su casa viendo cómo ayudarán a sus hijos.

Una de las trampas de los sectores más reaccionarios de este país, me reitero, es hacernos creer que la bandera y la Hispanidad son suyos, y conseguir que muchos lo interioricen, confundiendo la bandera constitucional con la dictatorial del aguilucho, y el día de la Hispanidad-una celebración de la lengua y la cultura hispanohablante en el mundo que viene de la transición y los primeros y democráticos ochenta, y cimentada en ideas previas de intelectuales como Unamuno, o Juana de Ibarbouru, entre otros-, con la afortunadamente desaparecida y fascista fiesta del “Día de la Raza”, o el “Desfile de la Victoria”.

Pese a quien pese, aunque sea verdad que a río revuelto sea ganancia de burdos pescadores, el 12 de octubre es una Fiesta de lo Hispano. Fiesta de la Hispanidad que va más allá de débiles entelequias identitarias, de confrontaciones interesadas, o de apropiaciones de símbolos por parte de unos u otros. Para los que estamos por la cohesión y la cultura, en su sentido más vertebrador y amplio, esta fecha significa sobre todo la celebración de esa madre común de la lengua española, nutricia riquísima, múltiple y generosa, una manera de ser y entender el mundo.

Allá los que quieran reducirse a espacios acotados, físicos o intelectuales, porque de ellos será el reino del terruño de su cuadrícula. Sé que es recurrente pero el maravilloso poema de Luis Cernuda, “La Lengua”, tras pasar del exilio de Londres, doblemente exilio por patria e idioma, al exilio mexicano y el reencuentro con su lengua es muy ilustrador en este sentido: “La lengua que hablaron nuestras gentes antes de nacer nosotros de ellos, ésa de que nos servimos para conocer el mundo y tomar posesión de las cosas por medio de sus nombres, importante como es en la vida de todo ser humano, aún lo es más en la del poeta. Porque la lengua del poeta no sólo es materia de su trabajo, sino condición misma de su existencia”.

Esta es la manera en la que Cernuda equipara la patria a la lengua, y que vale tanto a poetas como a prosaicos transeúntes. Esta es la identidad que debemos reclamar como nuestra, en tiempos de aldeas globales en los que los vericuetos independentistas serán todo lo legítimos que las leyes y la Constitución permitan, pero sin histerias de eslogans como las de “España se rompe”. La hispanidad se construyó entre todos: andaluces, catalanes, gallegos, vascos, madrileños, extremeños, etc, con sus luces y sombras, y hoy es un fenómeno imparable en espacios impensados como en los EEUU. Por esta razón, inconscientes en su mayoría-la ignorancia es el más osado de todos los defectos-, muchos atacan símbolos como la Bandera sin darse cuenta de que se atacan a sí mismos. Desconocen que, el sistema de garantías democráticas y de libertades que ellos incendian, es el que les permite disentir de ellos y ejercer sus libertades. Tanto es así que, nuestra bandera de hoy es la misma de los Ilustrados y Carlos III, los que trajeron la Enciclopedia a nuestra historia, la misma que quemaron los que estaban contra “La Pepa”, la Constitución de 1812 en Cádiz, la que permitió cerrar heridas en la transición con la ayuda de todos en el 78, la misma que Don Juan Carlos I y todos los españoles conformamos y nos representa en un mundo de muchos millones de hispanoparlantes.

Todo no es, afortunadamente, desalentador. Otras iniciativas, como la de la Casa de América de Madrid, han conformado un festival con el nombre de “Viva América”, que nos devuelve el orgullo de nuestra lengua y tradiciones desde la otra orilla idiomática con una multitud de actividades y nombres propios. Fiesta que nos lleva a esa otra orilla de la lengua en el tiempo de Cervantes, Santa Teresa, Sor Juana Inés, Góngora, Lope de Vega, Juan Ramón Jiménez, los Machado, Lorca, y un larguísimo etcétera. Es como para estar orgullosos. Es como para celebrarlo gozosamente, muy lejos del definitorio “coñazo” de alguien que no ha de gobernar por estas y otras afirmaciones que lo retratan como un hipócrita, sin altura ni respeto por el estado, sus instituciones y sus símbolos

Manuel Francisco Reina es escritor y crítico literario


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