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miserias de la mayoria absoluta
#1

Miserias de la mayoría absoluta


EN 1982 NADIE SE PLANTEABA otra fórmula mejor para avanzar por la senda de la democracia y la modernidad que conceder una mayoría absoluta aplastante a la izquierda. Y sirvió para esos fines, pero la bondad del rodillo se convirtió al final en mangoneo para algunos y en robo a destajo para otros, salvándose, por supuesto, casi la totalidad de los políticos. La primera duda, pues, que nos arrojó el felipismo de entonces es cuánto tiempo debería ser el máximo para evitar que una mayoría absoluta se corrompa inercialmente, sin que nadie ponga especial empeño en ello.
La posibilidad de no contar con nadie para las decisiones la pudo vivir José María Aznar en 2000, y aquella mayoría absoluta también tuvo sus ventajas, como devolverle el rosario de la madre a Arzalluz y poder ejecutar una política antiterrorista más intransigente; otra ventaja fue la recuperación por parte del Gobierno central del control de las infraestructuras, regalado al “enano” Pujol en las manos de Albert Vilalta. La cara menos amable de aquella segunda legislatura del aznarismo solo la hemos percibido en el terreno político, con una posición en el conflicto de Irak en contra de la opinión pública, con un gusto por los fastos más propios de Corte y con una sensación de impunidad para determinadas actuaciones, de las que el Prestige fue solo una. Pero en el terreno de meter la mano en la caja no disponemos de distancia histórica suficiente como para juzgar y condenar o absolver a la mayoría absoluta de Aznar. El único dato cerrado que poseemos es que únicamente duró cuatro años, lo que pudiera, o no, ser un elemento diferenciador de esos periodos socialistas.

Imagen del latrocinio
No quiero encerrarme más de lo imprescindible en el pasado, así que me permitiré decir, sin más explicaciones, que a fecha de hoy si alguien se pregunta por si en el felipismo se robaba, la primera imagen que vendrá a su cabeza será la de Luis Roldán, quien ya ha cumplido condena, y si se trata de alguien más informado, puede que se acuerde de dos o tres nombres más. Digo esto porque con casi veinte años de distancia se necesitan imágenes resumen, como las necesitaremos también para hacer balance del aznarismo y su única mayoría absoluta. El problema es que estamos en el epicentro del terremoto, y eso nos impide ver el conjunto, con lo que la síntesis de aquel cuatrienio 2000-2004 es una maraña de corrupciones, pequeñas y grandes, amparadas en una victoria contundente en las urnas.

Matas es el resumen
Ahora resulta imposible, por tanto, fijar la vista en un icono de lo mal hecho porque aún no sabemos, por ejemplo, en qué acabará el caso Gürtel y si se detendrá en un tesorero y una docena de altos cargos o morderá los tobillos de mayores piezas. Pero sí disponemos del primer candidato a representar y resumir todo lo negativo que pueda tener una mayoría absoluta; el mayor número de papeletas para ser el Roldán del aznarismo las lleva Jaume Matas, varias veces presidente de Baleares, ministro de Medio Ambiente y mimado por el PP, que, pese a que se ganaba bien el pan en Estados Unidos, le siguió pagando unos 5.000 suculentos euros mensuales. En este instante procesal no estamos hablando de un presunto ladrón de cuello blanco, sino de algo más parecido a un bandolero, capaz de falsificar reuniones que luego le permitieran trincar, todo supuestamente, claro.

Y Rajoy, la solución
Se ponga como se ponga el PP, y por mucho que declaren su respeto y admiración legítima por la etapa de Aznar, los casos de corrupción de la época, y Matas es una prolongación, colocan al partido en la disyuntiva de cerrar los ojos y tratar de presentarlos como actuaciones individualizadas, o, manteniendo ese principio de responsabilidad individual de cada trincón, liderar la lucha contra el saqueo. No fue mal primer paso el “si puede” dedicado a Matas y el anuncio de que va a ser “implacable” contra estos delincuentes emboscados en las instituciones. Pero dado el volumen de lo que se está conociendo, es probable que necesitemos bastante más de Rajoy, porque es él quien tiene la solución a este mal endémico. Cualquier medida contundente, implacable, contra la corrupción política en general, debe salir de la chistera de Rajoy. Será más creíble.
Que disfruten de interviú. ALBERTO POZAS DIRECTOR


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