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Opinion e imagen
#1

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OPINIÓN E IMAGEN
Cañuelo
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De los asesores de Aznar
21.10.02
Pedro Arriola no es un parvenu en la corte del Aznarato. Le fue recomendado a Aznar por José María Cuevas, el eterno presidente de la CEOE. ¡"Qué gran descubrimiento y qué favor le debo a José María Cuevas!", comentaba alborozado el actual jefe del Gobierno en la campaña de octubre de 1989, la primera en la que él encabezó la lista popular. La frase transcrita no es apócrifa. Figura en la página 418 del libro El vuelo del halcón, publicado hace más de doce años, primera biografía autorizada del líder conservador, escrita por el periodista Graciano Palomo. Arriola ha sido, y continúa siendo, el gurú de cabecera de Aznar, a pesar de ciertas desavenencias entre ambos, la más sonada a raíz de los resultados electorales de marzo de 1996. Arriola le había jurado a Aznar, por sus muertos, que la victoria por mayoría absoluta, o casi, estaba prácticamente garantizada. La realidad fue bien distinta, aunque siempre podrá alardear este mago de las profecías que sólo se equivocó en el tiempo: cuatro años después el PP logró el objetivo.
Arriola, por tanto, le fue suministrado a Aznar por José María Cuevas. ¿Por qué? La respuesta parece sencilla, más bien obvia. El principal interesado en fortificar una opción de derechas era el jefe de la patronal y, además, situaba en las proximidades del candidato a una persona de su confianza. Las vinculaciones entre la CEOE y la derecha política son un secreto a voces. Cuevas fue uno de los dirigentes en la sombra, de mayor peso, de AP. Curiosamente, maniobró con indisimulado ardor a fin de colocar como aspirante a la presidencia de Castilla y León a su viejo amigo y camarada en el Movimiento y en el Sindicato Vertical, Rodolfo Martín Villa. Lo hizo oponiéndose a la opción de Aznar, que fue finalmente, y a pesar de la mayoría de sondeos, triunfadora. Triunfadora en el interior de AP y, lo más importante, triunfadora en las urnas. Por los pelos, como le sucediera a escala española, pero destinada a consolidarse: desde entonces, 1987, Castilla y León se ha convertido en un feudo inexpugnable del PP.
Arriola es uno de los varios jugadores cedidos por la CEOE a Aznar. Cristóbal Montoro o José Folgado estaban en la patronal hasta que desembarcaron en el Gobierno del PP. Financieros y empresarios constituyen un poder fáctico de gran fuerza en el universo conservador. Como es lógico, por otra parte. La boda imperial de principios de septiembre visualizó, para incrédulos o ignorantes, el auténtico sustrato sociológico del aznarismo. Los vasos comunicantes entre Gobierno y grandes empresas son múltiples y fluidos, máxime después del devastador proceso de privatizaciones impulsado estos últimos años. Ello ha permitido, además, que amigos, conocidos o validos de La Moncloa accedieran a los respectivos puentes de mando. Telefónica ha pasado a ser, mediáticamente, la finca de recreo del presidente.
El grupo mediático de Telefónica se parece al Titanic, aunque no se ha hundido por ahora y, desde luego, sería deseable que se salvara del naufragio: tiene abiertas peligrosas vías de agua, pero la orquesta continúa tocando, como si nada pasara. No importan cuáles sean los músicos. Suben y bajan del estrado con rapidez asombrosa, a pesar de que el favorito del rey, que es Sáenz de Buruaga, resista impávido todas las mareas. La música, sin embargo, siempre suena igual o muy parecido: recuerda el himno del PP, aunque con arreglos distintos. Ls gaviotas sobrevuelan el trasatlántico. El primer capitán del poderoso navío fue Juan Villalonga. Cayó en desgracia, fuése forrado, y lo reemplazó César Alierta.
Estaba de asesor de Villalonga Pedro Arriola. Con Alierta ha mantenido el cargo y, por supuesto, una suculenta recompensa. Arriola sintetiza personalmente la impresionante mezcolanza entre lo público y lo privado que caracteriza, por encima de cualquier otra valoración, la política llevada a cabo por el PP. Asesoraba a la CEOE. Pasó a las inmediaciones confidenciales de Aznar. Comparte esta tarea con el asesoramiento al presidente de Telefónica. Hace lo propio con Miguel Blesa, el presidente de Caja Madrid, otro de los amigos de Aznar. Presta asimismo sus servicios de consejero áulico a Manuel Pizarro en Endesa. Emilio Botín también le tiene en nómina.
Por la mitad de la mitad, habrían conducido al cadalso a Felipe González, si su Arriola de turno, que no lo tuvo, hubiera compatibilizado hasta tales extremos la vertiente pública de su trabajo con la dimensión privada. Jesús Cacho, en su columna cibernética del lunes 14 de octubre, escribía: "Díme de qué presumes, Arriola solía alardear de tener claro lo de la separación entre lo público y lo privado, lo cual no evitaba que, cuando se sentaba a despachar en Telefónica con Villalonga, lo primero que hacía era poner sobre la mesa su libreta con membrete de la Presidencia de Gobierno, por si alguno no se había enterado. El PP, o tal vez mejor decir el Gobierno, como de costumbre, ha enfocado mal la situación, la ha planteado con oscurantismo, que es lo suyo, que es lo de todo partido en el machito ahíto de poder. El PSOE ha encontrado una veta, una mina a cielo abierto, que está dispuesto a explotar a fondo. Peor aún, por reiterativo, lo de Mariano Rajoy, ministro portavoz. Algo, y bastante grave, le pasa a este personaje. Porque van dos. La primera fue con ocasión de la famosa boda de El Escorial, cundo se negó a responder a los periodistas que le interrogaron al respecto. La segunda ha sido ésta. "El señor Arriola es un asesor del Partido Popular y no tengo nada más que decir". ¿Nos toma el pelo? Parece que cuando al señor Rajoy no le gusta algo, da un portazo y listo. Y así, no. Así no funcionan las cosas en una democracia. Así funcionaban en el franquismo. Convendrá no olvidar estos episodios y tenerlos presentes a la hora de depositar el voto en la urna".
El papel impreso del artículo de Cacho, que parcialmente he reproducido me lo entregó uno de mis nietos, que me proporciona de cuando en cuando material de Internet. "Te tengo otra sorpresa, abuelo, que te gustará y, supongo, que a tus lectores también", me dijo, mientras ponía al alcance de mi mano un informe de El Semanal Digital, titulado "Los ‘conflictivos’ asesores de José María Aznar". Tras referirse a Pedro Arriola, recuerda este trabajo lo siguiente: "Cuando José María Aznar accedió a la presidencia de la Junta de Castilla y León en 1987 entre sus consejeros figuró Miguel Pérez Villar, titular de Economía y Hacienda –Pérez Villar fue el hombre que ‘le abrió las puertas de León a Aznar durante su campaña en Castilla y León"–. Pérez Villar había desempeñado hasta entonces tareas de asesoramiento fiscal para la Asociación de Propietarios y Empresarios de Minas de Antracita (APEMA), con especial implantación en el pequeño y medio sector minero leonés. Uno de sus primeros cometidos en la Junta de Castilla y León fue poner en marcha la campaña de austeridad que llevó a cabo Aznar tras su elección. Sin embargo, pronto se vio envuelto en un escándalo que amenazó con echar por tierra el Gobierno de Aznar en la Comunidad (...) El escándalo vino motivado por los presupuestos autonómicos de 1988, que dedicaban una partida de ayudas a la minería de 1.600 millones de pesetas, que una gran parte, curiosamente, fueron a parar a las arcas de las empresas de APEMA, la asociación a la que había asesorado Pérez Villar y que seguía siendo asesorada por su esposa (...) La sentencia del Tribunal Supremo de 12 de julio de 1995 llegó a determinar que, efectivamente, había existido favoritismo y por ello Pérez Villar fue condenado por un delito continuado de prevaricación a ocho años de inhabilitación. Miguel Pérez Villar figura desde 1991 en algunos consejos de administración empresariales. Además, sigue visitando asiduamente a Aznar en la Moncloa".
El informe incluye en su relación la historia ejemplar del constructor burgalés Antonio Miguel Méndez Pozo. "En 1983 el Ayuntamiento de Burgos era regido por José María Peña. Este edil sacó adelante un Plan General de Ordenación Urbana que, con el tiempo, traería cola y pondría en la picota a José María Aznar, en gran parte por su relación con un constructor, Méndez Pozo. La acusación estalla poco antes de las elecciones autonómicas de 1987, y llega a contar con el respaldo de la Federación de Empresarios de la Construcción. Los populares burgaleses intentan distanciarse del alcalde Peña, presentando como candidato a César Huidobro. Pero Peña no se amilana y decide presentar su candidatura propia, llamada Solución Independiente (SI), muy inspirada, al parecer, por Rafael Pérez Escolar. Méndez Pozo, temiendo un descalabro de Peña y el fin de "la gallina de los huevos de oro" trata de convencer a Aznar, a través de la CEOE, del riesgo de "dividir a las derechas" en Burgos. Y lo consigue. (...) Pero el segundo embate se produce tras la victoria de Peña (...) Las denuncias efectuadas contra Peña y Méndez siguen su curso. El constructor se dedica a engordar sus negocios. Y no debe irle mal, porque por entonces compra el Diario de Burgos. Es precisamente en el club de opinión del veterano diario burgalés donde se presenta por primera vez a José María Aznar como candidato del PP a las elecciones generales de 1989. (...) La estrella de Peña y la de Méndez comienza a declinar. En 1992, la Audiencia Provincial de Burgos condena al alcalde y a tres de sus concejales a la inhabilitación; Méndez, a su vez, es condenado a siete años de prisión. Y la sentencia es confirmada año y medio después por el Tribunal Supremo (...) En el juicio, José María Aznar se ve obligado a declarar y reconocer que Méndez ha sido ‘asesor inmobiliario’ suyo".
Arriola, Pérez Villar y Méndez Pozo: tres virtuosos asesores de Aznar. Si estas narraciones no hubiera que buscarlas, a tientas y casi a ciegas, en la trastienda de la feria mediática, sino que estuvieran en el aparador de los grandes medios de comunicación, como estuvieron hasta la náusea las corrupciones atribuidas al llamado felipismo, la pesadilla del PP se habría acabado ya. Por eso, el control sobre la prensa, la radio y la televisión es tan agobiante y pretende ser tan hegemónico. Más claro, el agua.
GRACIANO PALOMO


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