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Politicos de parvulario
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Políticos de parvulario

Y no ponen a Ernest Maragall de rodillas, con orejas de burro, porque los socialistas son progres

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Pilar Rahola | 17/02/2010 | Actualizada a las 00:33h | Política
Dos verbos incluía la noticia de La Vanguardia en su titular: rectificar y perdonar. El que rectificaba era Ernest Maragall y el que perdonaba era el president Montilla, y así ambos cumplían con el ritual del parvulario, uno como niño travieso, y el otro de maestro pensil perdonando su fechoría. De esta forma tan nítida, la ciudadanía podía observar cómo un hombre de 67 años, de dilatada carrera política, miembro de una familia notable y uno de los consellers más sólidos de este insípido Govern, pedía perdón por decir lo que piensa.


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Y no lo ponían de rodillas, con orejas de burro, porque los socialistas son progres. Para acabar de rematar la pública humillación, el capitán de capitanes, todopoderoso José Zaragoza, iba raudo a Can Cuní y añadía: "El conseller Maragall ha cometido un error" y "hay que rectificar si te has equivocado". Rectificar ¿el qué?, ¿lo cuálo?, que diría el chiste. Todo el mundanal ruido sabe que Ernest Maragall piensa eso y es eso, y para añadir más leña, una mayoría amplia de sus propios colegas, incluyendo los sectores más alejados, coinciden en facturar al tripartito, so pena de caer en un agujero negro. Sin embargo, en la dinámica de partidos en la que estamos instalados, la transparencia del siglo XXI casa mal con unos partidos del XX cuya mentalidad, probablemente, está arraigada en el XIX. Fíjense en la contradicción. Los partidos políticos son una estructura básica de la democracia española, como tiene que ser. Y, sin embargo, son los artefactos más antidemocráticos de todo el espectro colectivo, lo cual no tendría que ser. Ridiculizar a un líder porque ha dicho lo que pensaba, y obligarlo a pedir perdón, es tanto como tratar de párvulos a los representantes públicos y de escenario de cartón a los ciudadanos. Este estilo de hacer política es viejo, caduco, inaceptable en los tiempos de la democracia ciudadana. Y si el líder de un partido lo hace, entonces no estamos ante un líder político, estamos ante un comisario político.

La cuestión es si esta forma de actuar aún sirve. Sin duda, cada vez menos. Pero parece que los partidos políticos no se enteran, quizás porque la mayoría de sus líderes llevan tantos años en la política que acumulan telarañas. Alejados de la realidad, además, la mayoría de ellos ni tan solo sabe lo que es el mercado laboral, porque nunca han trabajado. Es decir, no saben lo que es una cuenta de explotación ni una nómina. De ahí cuelgan algunos de los males. Porque no nos engañemos. En el mercado laboral, el buen profesional triunfa. Pero en el mercado político, las virtudes son otras, y tienen más que ver con el medrar, el callar, el cortar cabezas y el pelotear, que con la profesionalidad. Ergo, no resulta extraño que un tipo con ideas propias sea un valor en una empresa y un peligro en un partido. El mundo al revés, y así nos va.LA VANGUARDIA.ES 17-2-10






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