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Reportajes
#1

Habla Cristina Hernández, la ex concejal del PP de Oviedo acusada de tráfico de drogas

• A los 23 años lo había conseguido casi todo: una brillante carrera profesional, concejal en su ciudad y tertuliana en televisión. Hoy espera un juicio en el que le piden siete años de cárcel y 12 más a su marido, con el que se casó este verano.


Reportaje por: Bernardo SOLÍS
Fotografías por: Pablo LORENZANA

21/12/09
El 7 de agosto de 2008 fue detenida con el que ahora es su marido en la operación Debuta contra el tráfico de drogas. Hasta año y medio antes, había sido la concejal del área de Guarderías y Centros de Estudio del Ayuntamiento de Oviedo. Cristina Hernández, que niega haber traficado con droga, se compara con Ana Ozores, la protagonista de la novela La Regenta con la que Clarín retrató la hipocresía de Vetusta: “Que todo el mundo te juzgue, verte de escaparate y que todo Oviedo opine de ti –normalmente más mal que bien– también le pasó a ella (a ‘la Regenta’). También ‘Ana Ozores’ era una persona a lo mejor demasiado avanzada para su época. Oviedo es una ciudad cada vez más cosmopolita, pero hay una parte de esa sociedad que todavía vive de las apariencias y del qué dirán. Y yo me sentí juzgada tanto por esa parte como por la otra”. Del resto de los personajes de la novela sólo reconoce en su vida a un Álvaro Mesía, el donjuán que acaba conquistando a Ana Ozores, y niega haber tenido relaciones con ningún político. “El único que hay es mi marido. También hay gente que quiere manipularte. Ideológicamente no, –a mí ideológicamente no me manipula nadie–, pero sí sexualmente. He encontrado a ese tipo de gente en todos los ámbitos de mi vida, sobre todo en los profesionales”, asegura.
Cristina Hernández no olvida a quienes la han apoyado: “Prácticamente la totalidad: tanto compañeros de partido como concejales, diputados… Josechu [José Agustín Cuervas-Mons, diputado del PP en las cortes asturianas] llamó a mi familia, desde el Ayuntamiento se preocuparon por mí, los funcionarios, alcaldes de barrio… Después de salir de prisión estuve con algunos de mis compañeros y me dijeron que para lo que necesitara ahí estaban. No he recibido ningún apoyo público y tampoco lo echo de menos. Ya no soy una persona pública. No quiero comprometer a nadie hasta que se aclare el tema judicial”.
Ha vivido mucho, pero tiene sólo 31 años. Desde muy joven se vinculó al Partido Popular. “Me afilié cuando tenía 16 años –recuerda–. Empecé a estudiar Pedagogía y me nombraron secretaria de Educación de Nuevas Generaciones de Oviedo, y al acabar mi carrera me fui a Madrid, aconsejada por Agustín Iglesias Caunedo [primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Oviedo], a hacer un máster de Políticas en la Universidad Francisco de Vitoria”.
De nuevo fue el concejal Iglesias, a quien Cristina considera su mentor en política, quien le propuso que diera el salto: “Cuando estaba acabando el máster, me llamó para decirme que iba a entrar en la lista del PP al Ayuntamiento de Oviedo. A mí lo que me gustaba era el trabajo interno de partido, pero acepté ir en el puesto 18, en el que se suponía que no iba a salir elegida. Tenía mi vida organizada en Madrid, trabajando en la Fundación Carolina como responsable de relaciones institucionales, pero el que iba antes de mí en la lista dimitió y yo salí concejal. El alcalde [Gabino de Lorenzo] me encargó ocuparme de la red de guarderías y centros de estudio. Aprendí muchísimo, pero fue un trabajo muy duro por la responsabilidad y porque yo era muy joven, salí elegida con 23 años”.
Respecto al alcalde, el carismático Gabino de Lorenzo, imbatible en las urnas y que se ha confesado amante de la belleza femenina en muchas ocasiones, Cristina asegura que tuvo poco trato con él: “La relación fue siempre buena. Yo le conocía porque sus hijos estudiaron en el mismo colegio que yo, el Palacio de Granda. Cuando entré en Nuevas Generaciones, él solía acudir a los actos que organizábamos. Pero siempre fue una relación meramente profesional”.
La labor política no satisfacía las inquietudes de Cristina Hernández: “A mitad de la legislatura yo ya había comentado con Agustín mi intención de regresar a la empresa privada”. Recuerda que en la última época su ritmo de trabajo era frenético. “Entre enero y mayo del 2007 compaginé el Ayuntamiento con el cargo de directora de una agencia de Viajes Marsans. También estuve trabajando en Asesores Manjón y realizando proyectos para el Instituto de Desarrollo Económico del Principado de Asturias (IDEPA). Llevaba la Asociación Empresarial de Minoristas de Pescado y colaboraba en ‘Con 2 de azúcar’, de la Radio Televisión del Principado”.
Fue en esa etapa, siendo aún concejal de Guarderías, cuando Cristina Hernández cayó en las drogas: “Fue en la Navidad de 2006, al final de la legislatura. La persona con la que estaba consumía mucho y yo empecé a consumir, principalmente cocaína por vía nasal. Antes, con 21 o 22 años había probado hachís, anfetaminas, ‘éxtasis’, pero sólo por experimentar y de forma puntual. A partir de enero [de 2007] ya empiezo a consumir mucho. Llegué a tomar cinco gramos diarios, que alternaba con hachís (seis o siete porros cada día) para bajar el efecto de la coca. Seguía cumpliendo con mi trabajo, pero me costaba mucho porque salía todas las noches y me pasaba la madrugada de fiesta, consumiendo, para ir a trabajar al día siguiente de ‘doblete’. Además, la relación sentimental que tenía en ese momento era muy difícil. Llegamos a la agresión física y decidí que no podía continuar así. Había perdido el norte en todos los aspectos de mi vida”.
Tras las elecciones de 2007, Cristina aceptó un trabajo en Canarias. “Me fui [de Asturias] y dejé de consumir. No me costó mucho trabajo porque en Fuerteventura no conocía a nadie y yo estaba acostumbrada a una vida normal. Me pase un año sin tomar nada”. Pero tuvo que regresar a Asturias por problemas familiares y recayó: “Volví a los mismos sitios de siempre, a ver a la gente de siempre –explica–. Son gente consumidora, porque la verdad es que en Oviedo se consume muchísimo, y volví a consumir otra vez. Consumía una vez a la semana, cada 15 días, una vez al mes, pero algo consumía”.
Las drogas estaban presentes cuando conoció a su marido, Juan José Menéndez, preso en Villabona. “Los dos éramos consumidores, pero decidimos que la relación no podía estar fundamentada en las drogas. No volvimos a consumir. A mí la relación con Juanjo me sirvió para dejar la droga. Pero pasó esto [se refiere a su detención] justo cuando volvíamos a tener una vida normal”, aclara.
Cristina asegura que tanto ella como su marido han abandonado las drogas: “Él fue consumidor durante mucho tiempo, pero ahora está en el módulo terapéutico [de la prisión de Villabona], que está libre de drogas, y yo estoy haciendo el programa de cocaína de Proyecto Hombre. Ahora estoy en la fase B, la segunda de las tres del programa. Hago las dinámicas de grupo y mis padres están viviendo conmigo, porque mientras esté haciendo la terapia es indispensable que alguien se responsabilice de ti”.
Cristina, que estudió Ciencias de la Educación, hizo prácticas de carrera en la Unidad Terapéutica y Educativa (UTE) de la cárcel de Villabona, la misma que luego la acogió como reclusa. Ella no tiene más que buenas palabras respecto al trato que recibió: “Allí estás todo el día ocupado, no estás tirado en el patio, ni drogándote. Creo que no me vino mal pasar una temporada allí. Yo ya venía intentando no consumir, pero es verdad que no sabes el grado de dependencia que tienes hasta que te pones en manos de especialistas”.
Pero no todo fue fácil. En enero de 2009 llegó al módulo normal de la prisión. Allí, cuenta, “todas las mujeres están juntas: están las más peligrosas, que tienen 30, 35 o 40 años de condena, las preventivas y las menos peligrosas. En el momento en el que se enteraron que yo había sido concejala del PP decidieron que yo era una niña pija, que me podían sacar todo el dinero que les diera la gana. Cuando vieron que yo era una persona normal, unas cuantas presas que eran heroinómanas me insultaron”.
Cristina Hernández está en libertad a la espera de juicio. “Creo firmemente en el sistema judicial –dice–, en mi defensa y en el Ministerio Fiscal. Creo que se aplicará la justicia”. Mientras, organiza su vida. “Estoy montando una peluquería canina con ‘spa’ y tienda de animales con veterinario. Rompí con mi pasado y veo mi vida en el futuro con mi marido, en la calle: formar una familia, tener hijos y trabajar juntos”, predice.
¿Y volver a la política?: “No. Rotundamente, no”.


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