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Sebastian piñera pilota su propio heli
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Ironía asturiana para presidir Chile



Sebastián Piñera pilota su propio helicóptero y es tan personalista, competitivo, disciplinado, exigente y trabajador que lo llaman la «Locomotora»




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Ironía asturiana para presidir Chile







JOSÉ A. ORDÓÑEZ Libardón es una pequeña aldea de Colunga con algo más de un centenar de habitantes. Ahí están los orígenes del hombre que ha logrado, cincuenta años después y con una oscura dictadura de por medio, que la derecha vuelva al poder en Chile por la vía democrática. Con Sebastián Piñera Echenique, 61 años, uno de los empresarios más ricos de América, se cierra el círculo político chileno. Igual que ocurrió en España cuando el PP tocó poder, sólo ahora la transición en ese país se da por verdaderamente cerrada.

El ganador de las elecciones presidenciales pertenece a una dinastía muy relevante que ha dado embajadores, ministros y hasta un obispo. La familia hunde sus raíces en Asturias y no lo olvida. De esta región salió, en busca de oportunidades en un ya lejano 1860, Bernardino Piñera Aguirre, bisabuelo del presidente electo.

Piñera es un señor de derechas alejado del pinochetismo y con sólidas convicciones democráticas. Comenzó en el entorno de la democracia cristiana, aunque fue abrazando un espectro más amplio mientras trataba de que la derecha virara a su vez al centro. Hoy tiene como grandes referentes al presidente galo Nicolas Sarkozy y a José María Aznar, con el que mantiene una fluida relación. Como Berlusconi, con quien no le gusta que lo comparen, mantiene negocios en el fútbol y en los medios de comunicación que rozan la incompatibilidad política e idéntico gusto por la cirugía estética. Piñera se ha procurado algunos retoques con los que mejorar su imagen en los párpados y para disimular las bolsas bajo los ojos.

Nació en Santiago el 1 de diciembre de 1948. Cuando contaba 1 año de edad, su familia se trasladó a Europa. Su progenitor fue nombrado embajador en Bélgica del Gobierno de Eduardo Frei, padre precisamente de su rival en las pasadas elecciones. Los Piñera y los Frei, de antiguo, tienen mucha relación, de ahí el elegante e inusual gesto de que ganador y perdedor aparecieran juntos con sus esposas e hijos, lanzándose mutuas flores en la noche del escrutinio electoral.

Los Piñera regresaron a Chile en 1955. Estudió Ingeniería Comercial en la Universidad Católica del Santiago chileno y luego acudió a Harvard (EE UU) para completar un máster en Economía. El golpe de Estado militar, el 11 de septiembre de 1973, lo vivió por televisión en Boston. Su primera decisión tras aquel impacto fue llamar a su novia, Cecilia Morel Montes, una orientadora familiar, para pedirle matrimonio.

La carrera empresarial que lo ha llevado a amasar una fortuna que sobrepasa los mil millones de dólares comenzó tras la compra de la Constructora Toltén. Compatibilizó los primeros negocios con labores de profesor de Economía en varias universidades. Y diversificó negocios. La introducción de las tarjetas de crédito en el país le resultó muy fructífera y se adentró en el mundo de la aviación comercial llegando a ser el máximo accionista de LAN, una de las aerolíneas más rentables de América. El líder político de la derecha chilena controla esta megaempresa junto a la familia Cueto, también originaria de Libardón y con la que en estos días negocia la venta de su participación en la firma, tras haberse comprometido a dejar sus principales negocios antes de que el 11 de marzo tenga lugar el acto oficial de toma de posesión.

De esta manera, Piñera trata de desarmar a quienes ven una colisión impresentable entre sus intereses privados y la actividad política. El propio líder de la Democracia Cristiana, Eduardo Frei, ha recordado que dentro de unos meses se discutirá la legislación sobre televisión digital con un presidente que, si no vende antes, será el dueño de uno de los principales canales del país, Chilevisión, y del histórico club de fútbol Colo Colo. Por cierto, no deja de llamar la atención, y da idea de la personalidad de Sebastián, el hecho de que en realidad sea hincha del Universidad Católica, eterno y máximo rival del Colo Colo. Cosas de los negocios.

Su trayectoria empresarial incluye algunos episodios oscuros. Un escándalo bancario lo tuvo a un paso de la cárcel a comienzos de la década de los ochenta y ya en 2006 fue multado por el Estado tras haber utilizado información privilegiada en la compra de acciones de LAN, como se encargaron de agitar en campaña sus rivales.

Su obsesión ha sido distanciarse del pinochetismo. Pese a que se posicionó públicamente en contra de las iniciativas del juez Garzón para procesar al general, apoyó económicamente la campaña en contra de la continuidad del dictador en el plebiscito de 1988. Aunque no demoniza al régimen, del que uno de sus hermanos, José, fue ministro, ha anunciado que no paralizará las causas abiertas contra la represión militar y la violación sistemática de los derechos humanos.

La carrera política de Sebastián, al igual que sucede con su vertiente empresarial, tampoco ha escapado al escándalo. En Chile todo el mundo ha oído hablar del denominado «Piñeragate», un oscuro caso de escuchas ilegales, organizado con el objetivo de acabar con una oponente política, que saltó a la luz pública en 1992.

Sebastián Piñera presume de ser un hombre hecho a sí mismo, por mucho que haya nacido en el seno de una familia de clase media alta. Pilota su propio helicóptero y disfruta con la aventura. Por influencia paterna, es extremadamente competitivo y, según sus biógrafos, tiene un funcionamiento mental puramente capitalista: «Busca ganar, pero no para consumir, como ha sido tradicional en la élite chilena, sino para invertir y volver a ganar». Además de una inmensa capacidad de trabajo, que le ha valido el apodo de la «Locomotora», el presidente electo de Chile es muy disciplinado, riguroso y ultrapersonalista, lo que le hace a veces ser demasiado impulsivo. Herencia familiar, quien sabe si consecuencia del origen asturiano, es una acusada y fina ironía.

Suele llevar trajes holgados, por cuestión de comodidad, y luce un reloj de color rojo chillón en la mano derecha. Cuando tiene tiempo libre, disfruta montando a caballo o jugando al fútbol, una de sus grandes pasiones. En el ámbito más privado, asegura que le gusta leer más de una hora antes de dormirse y que, para conciliar bien el sueño, necesita acoplarse en posición fetal a su mujer, posición que él mismo llama «la cucharita».

A pesar de su enorme fortuna, Sebastián Piñera y Cecilia han educado a sus cuatro hijos en la austeridad. Además, el presidente electo, que adora a sus tres nietos, nunca se ha olvidado de sus orígenes familiares y siente gran simpatía por Asturias y por los asturianos. Ha estado en varias ocasiones en Colunga, invitado por su socio y amigo Juan Cueto, disfrutando de un paisaje que le encanta. En Libardón, pese a que ya no tiene familia directa, se siente como en casa.

La toma de posesión presidencial del próximo 11 de marzo será el gran momento del bisnieto de aquel emigrante asturiano que acaba de conquistar Chile. Su intención es protagonizar lo que denomina «la segunda transición», con una política económica liberal que no descuidará la vertiente social. Además de prometer la creación de un millón de puestos de trabajo, su primera medida será una ayuda económica para las familias. Sebastián votó a favor del divorcio y ha validado el uso de la píldora poscoital, pero está en contra del aborto y del matrimonio homosexual. Defiende que las parejas del mismo sexo tengan derechos similares al matrimonio, pero sin posibilidad de adoptar hijos.

Convencido de que los términos izquierda y derecha son propios de la «guerra fría» y que, por tanto, están superados, Piñera afronta a partir de ahora el reto histórico de vencer todos los prejuicios y las reticencias de un país que no olvida el pasado. Él lo zanja con una de sus frases: «El pasado es pasado. Yo soy el futuro». Palabra de presidente, la «Locomotora» asturiana echa humo.


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