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Un interesante escrito de Samir Amin
#1

Samir Amin
El economista Samir Amin demuestra en seis puntos por qué, según él, la zona euro está en un callejón sin salida. La única puerta de salida –el abandono del euro y la creación de una serpiente monetaria europea– que supondría una puesta en entredicho del poder de los oligopolios le parece ya algo imposible.
No hay moneda sin Estado. Juntos, Estado y moneda constituyen
en el capitalismo el medio de gestión del interés general
del capital, más allá de los intereses particulares de los segmentos
del capital en competencia. La dogmática en curso
que imagina un capitalismo gestionado por el “mercado”,
incluso sin Estado (reducido éste a sus funciones mínimas de
guardián del orden), no se basa ni en una lectura seria de la
historia del capitalismo real, ni en una teoría con pretensiones
“científicas” capaz de demostrar que la gestión por el mercado
produce –incluso tendencialmente– una forma u otra de equilibrio
(a fortiori, un equilibrio “óptimo”).
Ahora bien, el euro se creó en ausencia de un Estado europeo,
sustituto de los Estados nacionales, cuyas funciones
esenciales de gestores de los intereses generales del capital
estaban en camino de ser abolidas. El dogma de una moneda
“independiente” del Estado expresa esta absurdidad.
La “Europa” política no existe. A pesar del imaginario ingenuo
que llama a superar el principio de soberanía, los Estados
nacionales siguen siendo los únicos que tienen legitimidad.
No existe la madurez política que haga aceptar por el pueblo
de cualesquiera de las naciones históricas que constituyen
Europa el resultado de un “voto europeo”. Es posible desearlo,
pero aún habrá que esperar mucho tiempo antes de que
emerja una legitimidad europea.
La Europa económica y social ya no existe. Una Europa de
25 o 30 Estados sigue siendo una región profundamente desigual
en su desarrollo capitalista. Los grupos oligopólicos que
controlan actualmente el conjunto de la economía (y más allá
de ella, también la política cotidiana y la cultura política) de la
región son grupos que tienen una “nacionalidad” determinada
por la de sus principales dirigentes. Son grupos principalmente
británicos, alemanes y franceses, y accesoriamente
holandeses, suecos, españoles e italianos. La Europa del Este y
en parte la del Sur mantienen con la Europa del noroeste y la
central una relación análoga a la que, en las Américas, caracteriza
la existente entre América Latina y Estados Unidos. En
estas condiciones, Europa es apenas un mercado común, apenas
un mercado único que forma parte del mercado global del
capitalismo tardío de los oligopolios generalizados, mundializados
y financiarizados. Europa es, desde este punto de vista y
como he escrito en otro lugar, la “región más mundializada”
del sistema global. De esta realidad, reforzada por la imposible
1
Europa política, deriva una diversidad de niveles de salarios
reales y de sistemas de solidaridad social como las fiscalidades
que no puede ser abolida en el marco de las instituciones
europeas tal como son.
La creación del euro, pues, fue una forma de empezar la
casa por el tejado. Los propios políticos que tomaron la
decisión así lo han confesado, convencidos de que la operación
obligaría a “Europa” a inventar su Estado transnacional,
con lo que el tejado tendría finalmente una casa que
cubrir. Pero este milagro no se concretó y todo da a entender
que no lo va a hacer. Ya a finales de los años 90 tuve ocasión
de expresar mis dudas sobre esta
maniobra. La expresión que yo había
empleado (“empezar la casa por el tejado”)
la ha repetido recientemente un
alto responsable de la creación del euro
que, en aquella ocasión, me había dicho
estar convencido de que mi juicio era
excesivamente pesimista y que carecía
de fundamento. Un sistema absurdo de
este tipo solamente podía producir la
apariencia de funcionar sin contratiempos,
había escrito yo, mientras la coyuntura general siguiera
siendo fácil y favorable. Era de esperar, por tanto, que pasase
lo que pasó: en cuanto una crisis (que en un primer mo -
mento parecía meramente financiera) afectase al sistema, la
gestión del euro se revelaría imposible, incapaz de permitir
respuestas coherentes y eficaces. La crisis en curso está destinada
a durar, incluso a profundizarse. Sus efectos son diferentes,
y a menudo desiguales, de un país europeo a otro. La
gestión de estos conflictos llamados a desarrollarse es imposible
en ausencia de un Estado europeo, real y legítimo; y el
instrumento monetario de esta gestión no existe. Las respuestas
dadas por las instituciones europeas (incluido el
Banco Central Europeo) a la crisis (griega, entre otras) son
de hecho absurdas y están condenadas al fracaso. Estas respuestas
se resumen en un solo término –austeridad en todas
partes y para todos– y son análogas a las respuestas dadas
por los gobiernos existentes en 1929-1930. Y del mismo mo -
do que las respuestas de los años treinta agravaron la crisis
real, las preconizadas ahora por Bruselas producirán el mis -
mo resultado.
Lo que hubiera sido posible hacer durante la década de 1990
habría tenido que definirse en el marco del establecimiento de
una “serpiente monetaria europea”. Cada nación europea,
manteniendo su soberanía de hecho, habría gestionado
entonces su economía y su moneda de acuerdo con sus posibilidades
y sus necesidades, incluso limitadas por la apertura
comercial (el mercado común). La interdependencia se habría
institucionalizado por medio de la serpiente monetaria: las
monedas nacionales se habrían intercambiado a unos tipos
fijos (o relativamente fijos), revisados de vez en cuando por
ajustes negociados (devaluaciones o reevaluaciones).
Se hubiese abierto entonces una perspectiva –larga– de
“endurecimiento de la serpiente” (preparando tal vez la adopción
de una moneda común). El progreso
en esta dirección se habría medido por la
convergencia –lenta, progresiva– de la eficacia
de los sistemas de producción, de
los salarios reales y de las ventajas sociales.
Dicho de otro modo, la serpiente
habría facilitado –y no dificultado– una
progresión posible por convergencia
hacia arriba. Esta habría exigido unas po -
líticas nacionales diferenciadas con unos
objetivos propios, y los medios para im -
plementar estas políticas, entre otros el control de los flujos
financieros, lo que implica el rechazo de la absurda integración
financiera desregulada y sin fronteras.
La crisis actual del euro podría proporcionar la ocasión para
el abandono del absurdo sistema de gestión de esta moneda
ilusoria y para el establecimiento de una serpiente monetaria
europea, en consonancia con las posibilidades reales de los
países implicados.
Grecia y España podrían iniciar el movimiento decidiendo:
1) salir (“provisionalmente”) del euro; 2) devaluar; 3) instaurar
el control de cambios, por lo menos en lo que respecta a los
flujos financieros. Estos países estarían entonces en una posicrisis
40 / El Viejo Topo 272 / septiembre 2010

ción de fuerza para negociar verdaderamente la
reprogramación del pago de sus deudas, después de
una auditoría, repudiando las deudas asociadas a
operaciones de corrupción o de especulación (¡en las
que los oligopolios extranjeros han par ticipado y gracias
a las cuales incluso han obtenido pingües beneficios!).
El ejemplo, estoy convencido de ello, crearía
es cuela.
Desgraciadamente, la probabilidad de una salida de la crisis
por estos medios es probablemente de casi cero. Pues la
opción de la gestión del euro “independiente de los Estados” y
el respeto sacrosanto a la “ley de los mercados
financieros” no son el producto de
un pensamiento teórico absurdo. Con -
vienen perfectamente al mantenimiento
de los oligopolios en los puestos de
mando. Son piezas de la construcción eu -
ropea global, concebida ella misma ex -
clusiva e íntegramente para hacer im -
posible la puesta en cuestión del poder
económico y político ejercido por estos
oligopolios, en beneficio exclusivo suyo.
En un artículo publicado en varios si tios web y titulado
Open letter by G.Papandréou to A.Merkel, los autores griegos
de esta carta imaginaria comparan la arrogancia de la
Alemania de antaño y la actual. Por dos veces a lo largo del
siglo XX las clases dirigentes de este país han concebido el
proyecto quimérico de configurar Europa por medios militares,
cada vez sobreestimados. ¿Acaso su objetivo de liderazgo
de una Europa pensada como “una zona del marco” no se basa
a su vez en una sobreestimación de la superioridad de la economía
alemana, de hecho relativa y frágil?
Una salida de la crisis solamente sería posible en la medida
en que una izquierda radical se atreviese a tomar la iniciativa
política de la constitución de bloques históricos alternativos
“anti-oligárquicos”. Europa será de izquierdas o no será, he
escr ito en otro lugar. La adhesión de las izquierdas electorales
europeas a la idea de que “vale más una Europa tal como es
que la posibilidad de que no haya ninguna Europa” no permite
salir de este callejón sin salida, lo que exige la deconstrución
de las instalaciones y de los tratados europeos. En caso con
trario, el sistema del euro, y tras él la “Europa tal como es” se
sumirán en un caos cuya salida es imprevisible. Pueden concebirse
entonces todos los “escenarios”, incluido aquel que
supuestamente se quiere evitar, el del
renacimiento de proyectos de ultraderecha.
En estas condiciones, para Estados
Unidos, la supervivencia de una Unión
Europea perfectamente im potente o el
estallido de la misma no cambian gran
cosa. La idea de que una Eu ropa unida y
poderosa obligaría a Was hington a tener
en cuenta sus puntos de vista y sus intereses
es una pura ilusión.
He dado a esta reflexión un carácter conciso, para evitar
repetirme, pues he tratado por extenso diferentes aspectos del
callejón sin salida europeo en varios escritos anteriores: La he -
gemonía de Estados Unidos y el eclipse del proyecto europeo
(sección II, El Viejo Topo, 2000); Más allá del capitalismo senil
(capítulo 6, El Viejo Topo, 2002); El virus liberal (capítulo 5, Ed.
Hacer, 2003); Por un mundo multipolar (capítulo 1, El Viejo
To po, 2005), y La crisis: ¿salir de la crisis del capitalismo o salir
del capitalismo en crisis? (capítulo 1, El Viejo Topo, 2008)■
http://www.elviejotopo.com
#2

Me recuerda las recomendaciones de Julio Anguita sobre Maastricht y sus consecuencias sociales y económicas. Por ello fue crucificado por los partidos del sistema y los medios de información. La verdad es muy tozuda y suele aparecer cuando las soluciones son tardías


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