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Voces de ultratumba
#1

Voces de ultratumba LA VANGUARDIA.ES
Con Oreja, Rajoy se radicaliza: ¿lo permite porque lo cree o porque no puede evitarlo?

16 votos 10 comentarios
Pilar Rahola | 26/03/2010 | Actualizada a las 02:12h | Política
Las virtudes de un líder han sido analizadas, a lo largo de la historia, por tutti quanti de la fauna intelectual. Y la coincidencia es casi unánime: el líder debe ser hábil en saber escoger equipo; y, a la vez, valiente en cortar cabezas. Es decir, saber sumar, con la misma templanza con la que es capaz de restar. Cuando un líder político yerra en alguno de los dos aspectos, cojea por exceso o por defecto, y ello es un serio problema para el maratón del asalto al poder. De hecho, lo más grave es no saber dejar lastre, porque el lastre ama la ley de la gravedad, y siempre echa para atrás cualquier intento de velocidad en la carrera. Por supuesto, no tengo ni idea de si Mariano Rajoy está de acuerdo con estas reflexiones, pero tanto si las comparte como no, lo cierto es que no las cumple, y algunas de sus dificultades para alzar el vuelo electoral tienen que ver con esta incapacidad de tirar el lastre por la borda.

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En alguna ocasión he loado el perfil centrado, sensato y dinámico de su equipo, cuya abundancia femenina –empezando por la propia candidata del PP en Catalunya–, le ha dado un toque de inequívoca modernidad. Y también es cierto que Rajoy se ha convertido en líder del PP por méritos propios, capaz de haber manejado su difícil nave en medio de las numerosas tormentas que le han provocado sus propios amigos. Es un superviviente del fuego amigo, y ello, en política, es una virtud suprema.

Pero de la misma manera que ha demostrado una autoridad sorprendente en muchas de sus decisiones, también es cierto que se ha visto desbordado por otras, incapaz de atajar el gran bazar valenciano, visiblemente al descubierto ante las embestidas de la francotiradora Aguirre, enlodado por los fangos de Gürtel y, día sí, día no, desmentido por la voz áulica de Aznar, cuya vocación de mandar por persona interpuesta es cada día más acuciante. Sólo faltaba que algunas de las voces rancias de otras épocas, que aún sobreviven en su primera fila, se alzaran de la ultratumba y le patearan el tablero. Lo de Mayor Oreja no es nuevo, porque este buen hombre ha salpicado toda su carrera política de exabruptos de todo tipo, y en los roncos tiempos de Aznar fue la más ronca de las voces. Como decía ayer el Gran Wyoming en su desternillante programa, este tipo culpa a diestro y siniestro, y encima los injuriados tienen que demostrar que no son culpables.

Lamentable e insensato. Pero si no sorprende en la biografía de Mayor Oreja, sí sorprende en el relato de Rajoy, habitualmente apartado de estas barbaridades dialécticas. Con Oreja, Rajoy se radicaliza y vuelve al jurásico. La cuestión es: ¿lo permite porque lo cree o porque no puede evitarlo? En ambos casos, una tragedia para sus intereses. Porque si Rajoy quiere hacer de Rajoy, tiene alguna oportunidad. Pero si quiere hacer de Aznar, siempre será una simple y mala copia.
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