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Zapatero, ante el caso Taguas
#1

ARTÍCULOS DE OPINIÓN
  • [Imagen: 0000009178.jpg&an=38]
  • ENRIC SOPENA

    08/05/2008




Cabos sueltos
Zapatero, ante el caso Taguas
Transcurren los días y el caso Taguas todavía no ha merecido una explicación oficial por parte del Gobierno. Sólo se conocen algunas anónimas versiones acerca, por ejemplo, del estado de ánimo del presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, tras producirse este episodio. Se especuló -en los primeros momentos- con que Zapatero se encontraba “desagradablemente sorprendido”, lo cual es muy probable aunque -a los efectos de la transparencia- resulta de todo punto insuficiente.
  • No estamos, según todos los indicios, ante ninguna fechoría penal ni ante ningún delito. Conviene resaltar de inmediato este aspecto porque el asunto es bastante más sutil. Se trata de una cuestión fundamentalmente ética. ¿Puede el director de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno y partícipe de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos saltar de su despacho en Moncloa a presidir el lobby de las principales constructoras de este país?

    Más allá de las actuales normas que rigen las incompatibilidades de los altos cargos una vez cesan en sus funciones, parece razonable responder a la pregunta anterior con un rotundo “no”. Si Taguas hubiera sido nombrado director ejecutivo de una empresa pequeña, o incluso mediana, nadie con sentido común tendría derecho a rasgarse las vestiduras. Taguas no ejercerá tareas ejecutivas en la patronal de la construcción, denominada SEOPAN. Y es verdad que, además, esa patronal -como tal- carece de ánimo de lucro.

    Pero sí es una importantísima plataforma –perfectamente legal- para promover negocios multimillonarios no ya en antiguas pesetas, sino en euros. Esa plataforma acoge a la nomenclatura más selecta y más influyente del sector. Un sector, por otra parte, que en buena parte depende del Gobierno, como mínimo en cuanto a las obras públicas, que son muchas y necesarias para mejorar las infraestructuras de España.

    Joaquín Estefanía sostiene en El País: “La sospecha generada de que con el nombramiento de Taguas, el lobby constructor paga los servicios prestados o compra influencia futura, no es sana para la democracia”. He aquí el fondo del problema. O se disipa pronto -con argumentos sólidos y contundentes- esa “sospecha” o la sombra de la misma puede terminar dañando o agrietando la credibilidad ética del Gobierno. Para ello, determinados recursos periodísticos –vinculados con torpeza y brocha gorda a la tinta del calamar- sólo cabe interpretarlos en clave de ciertas obsesiones en torno a la peligrosa utilización del “fuego amigo”.

    Soraya Sáenz de Santamaría -la sustituta de Zaplana como portavoz popular en el Congreso de los Diputados- ha declarado que Taguas es “el único español sin problemas de trabajo”. Añadió que este affaire le recordaba la “beatiful people de los años 90. Parece que asistimos a un revival de aquellos tiempos”. Desde luego, para decir lo que dijo no le hacía falta recurrir al retrovisor.

    Bastaría, en cambio, hablando de la actualidad, que se diera, la portavoz, una vueltecita por el Castellón de Fabra –de donde por cierto salen corriendo todos los jueces-; otra, por el juicio sobre la corrupción en Andratx o, simplemente, que se enterara de la indemnización cobrada de Endesa por el ahora diputado Pizarro. O que repasara la sucesión de suculentas canonjías que va acumulando Rato, meses después de haber salido del Fondo Monetario Internacional. O las andanzas y milagros -ahora telefónicos- del insigne predecesor de ella.

    O sea, que no pretenda impartir clases de ética Sáenz de Santamaría en nombre de la derecha. No está el horno del PP para semejantes bollos. Sin embargo, y al margen de las incoherencias conservadoras, es obligación de Zapatero –un político singularmente partidario de la ética- esclarecer lo que hay detrás, si lo hay, de este caso y si personas de su entorno podrían haber avalado un movimiento difícilmente justificable que, antes o después, le puede salpicar no a Taguas -quien no deja de ser en esta historia un personaje secundario- sino a él y al partido que representa.

    Enric Sopena es director de El Plural
Yo como militante socialista quiero saber la verdad sobre el caso Taguas (espero que en el congreso de los diputados alguien de mi partido de una explicacion).


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